La inspiración detrás de una novela inesperada

¿Cómo nació Vivir de Sueños?

¡Primer post de Blog del 2022! Y no puede ser de un tema más “inspirador”… La inspiración, justamente. Pregunté en mi cuenta de Instagram a cerca de lo que les gustaría leer y conversar en este primer mes del año; y la Inspiración fue el tema ganador. También eligieron 2 subtemas: La inspiración detrás de Vivir de Sueños y la inspiración detrás de un autor de ficción cristiano. Como ambos son ideas profundas y que merecen su espacio, decidí que este mes publicaré 2 artículos. Así que esperen al segundo subtema la última semana de enero.

Y bien, Vivir de Sueños… El título ya suena bastante entusiasta e inspirador, ¿verdad? Pero, mientras escribo este artículo (que también funciona como memoria), me doy cuenta de la realidad:

Vivir de Sueños nació de un período de miedo, inseguridad y mucho incierto por el porvenir.

Poco inspirador, ¿no? Tras reflexionarlo durante esta semana, puedo concluir que hay 4 aspectos (o fósforos) que hicieron «encender» la mecha de esta novela, y todos ellos se relacionan justamente con este período que poco tuvo de ensueño.

Así que, si tienes algo de tiempo, y si quieres escuchar un pedacito de una reflexión escritural, te invito un café, té, o lo que quieras y siéntate con esta autora en constante construcción: vamos a hablar sobre inspiración (o la verdad tras ella).


¿Cómo se enciende la chispa de una historia?
Los 4 chispazos de Vivir de Sueños (Serie Un Plan Mayor).

Fósforo 1: Patinaje artístico… Y la primera vez que le presté atención a un deporte en mi vida.

Parece obvio. Vivir de Sueños es una historia de patinadores, con dos equipos luchando entre los retos dentro de la pista. El Patinaje Artístico sobre hielo tiene que ser uno de los fósforos que comenzaron esta novela. Pero la realidad es que, hasta hace 4 años, yo sabía poco de patinaje. En México es un deporte nulo (tristemente) y hasta estigmatizado, especialmente para varones. Hay poquísimas transmisiones de Patinaje y lo poco que nos llega son los Juegos de Invierno, cada cuatro años.

Justamente unos olímpicos, en Pyeongchang 2018 me picaron a la curiosidad de ver con más detalle este deporte. De saber poco (y entender aún menos de reglamentación), pasé a adquirir un interés más hondo cuando cierto canal de internet transmitía las competencias en vivo, gratuitamente y hasta con aviso para no perderte ninguna. El patinaje artístico es muy llamativo una vez que lo miras, por su complejidad y elegancia, y porque es uno de los pocos deportes que usa al arte como elemento a cualificar.

Pero sigo recordándolo y se me enchina la piel: Que a mí, lo que me cautivó y me mantuvo al filo de mi silla, desvelándome para mirar a otro patinador, no fue la dificultad ni la belleza, sino la entereza de cada competidor… Sus caídas. Si has visto patinaje sabrás que no son pocas, ni suaves. Son caídas duras. Después de tanto entrenamiento, después de elementos que parecen irreales, los patinadores saltan y… ¡Plas! Directo al hielo. Frente a miles de personas, con sus sueños cayendo con ellos y aún así, ¡arriba! Los patinadores se levantan tan rápido, dispuestos a seguir con sus rutinas, a pesar del dolor físico y emocional, a pesar de la vergüenza y el desaire de entender que seguramente hoy no van a ganar nada gracias a ese error.

¿Qué puede haber detrás de una mente tan determinada? ¿Y qué posibilidad hay de que esa determinación dentro del hielo no funcione afuera de éste?

Tal vez te suene esta frase si ya leíste el Vol.1…

Caer y levantarse.

Hace cuatro años, una mujer que estaba experimentando un bloqueo emocional y espiritual recibió ese mensaje, mirando los Juegos Olímpicos del 2018. En tal momento, esa mujer no sabía lo que significaba esa misiva, porque tampoco tenía idea de lo que vendría en pocos meses en su vida personal y familiar. Pero el mensaje, enviado por la Voz más Sabia, se quedó. Y un chispazo inició para una novela que comenzaría a escribirse más de 6 meses después.

Y sí… Esa mujer era yo.


Cerillo 2: Cambio de casa, rutina, vida… Cambio de planes.

Las «primicias» de Un Plan Mayor iniciaron en la casa donde viví mi infancia y parte de mi juventud, mirando esas competencias de los Juegos de Invierno, tal como lo dije. Pero, por motivos y problemas con nuestros padres, mi hermana y yo nos vimos en la necesidad de dejar esa casa por segunda vez (es una larga historia, tal vez un día la contaré). El cambio significaría abandonar todo ápice de dependencia; crecer y madurar, entender que las problemáticas familiares no cambiarían y que era necesario salir de allí antes de empeorar.

El pago de renta y la adversidad económica fue solo la punta del iceberg de un período muy oscuro. Pareciera que salir del “refugio” parental sacó a la luz muchas aguas turbulentas dentro de mí que yo ni siquiera sabía que existían. Aguas que estaba agitadas desde muchos años atrás, y que se desbordaron ahora que no había más “papás”, ni congregación (iglesia local), ni amigos con los cual distraerse. Vagar dentro de mi mente fue muy abrumador y -ahora lo veo- triste. No estoy exagerando cuando digo que, de no ser por la bondad de Dios al hacerme escribir una novela que me distrajera, probablemente yo habría hecho caso a ese susurro en mi cabeza que me decía todos los días:

“Es mejor estar muerta, nada va a cambiar, nada va a mejorar,
ni siquiera si un día creíste en Dios…”.

Escribir los remansos de Un Plan Mayor fue, al inicio, pura terapia, distracción, un drenar de emociones que veía agitarse dentro de mí y de mis seres amados. Las cosas que no podía entender (y menos afrontar) en mi exterior, se volvieron, algunas veces, situaciones que el Equipo Alemania y Rusia viven, incluidas sus personalidades tan dispares y socavadas. Su escepticismo un día fue mío. Sus miedos, sus tropiezos, su falta de fe y amor… ¿Sus triunfos también? Me alegra decir que sí, pero por ahora, no podría decir cuáles ni cómo, porque no quiero provocar un “spoiler” a nadie (mejor aventurarse y leerlo por tu cuenta, ¿no?)

Un lector me preguntó hace poco si es necesario que los personajes “batallen” y sufran tanto. Y mi respuesta es la aceptación de la realidad: El sufrimiento no es necesario, sino inevitable. Porque del dolor no puede evadirse, por más que queramos y oremos. Jesús mismo lo advirtió, ¿verdad? Pero también, en el dolor aprendemos. A mí me enseñó a esperar un día a la vez, a seguir viviendo para escribir la siguiente página de una historia que en ese entonces era sólo mía (y de mi único y más querido lector: mi hermana). Esa Voz de Paz y su Amor y Su constancia por mí, me tiene hoy aquí. Y a una novela que amo, conmigo.


Encendedor 3: De la historia alterna… A un universo propio.

Muchos lo han oído: uno de mis talleres más valiosos para afilar la pluma fue el mundo de las historias alternas (o también conocidas como fanfiction). No me avergüenza decirlo porque la escritura de fans es, realmente, un excelente sitio para adquirir disciplina escritural y creativa. Debido a que mi tiempo en la universidad me obligaba a escribir muchos ensayos y tesinas, mi oportunidad de escribir narrativa era escaso. Por eso, tomé al fanfiction como mi oportunidad para desarrollar ese lado de escritura creativa que no quería perder.

Tras cinco años de buenas historias, lectores y positivas críticas, comencé a escribir una historia alterna (fanfic) sobre patinaje artístico. Fue durante un período difícil, una ‘terapia’ que no publiqué en ningún foro pues sólo era un deseo personal de escribir. Pero recuerdo muy bien esa semana, cuando me di cuenta que esos personajes que patinaban YA NO eran los personajes de ningún fandom, sino que estaban cobrando una voz muy propia, en situaciones muy ajenas a cualquier fandom conocido. Había nacido una novela sin que yo lo “decidiera”.

Duré varias semanas luchando con la opción de seguir todo como si fuera un fanfic, o dejar que la historia nueva y original se desarrollara. Tengo que confesar que la pluma NO se movió hasta que me senté para hablar con esa misma Voz que ahora llamó mi verdadera Inspiración. “¿Dios, quieres que escriba una novela de patinaje?”. Hacía años que no le preguntaba sobre mi escritura; en ese período aprendí lo que significa realmente creer y confiar en Él. Pero en ese instante de sucesos duros, volví a sentirme como la niña de 12 años que comenzaba a soñar y dedicar mundos al estilo de C.S. Lewis.

¿Y cómo va a llamarse esta novela? ¿Qué nombre quieres que tenga?”. El rumbo del fanfic se había disipado ante mis ojos, para traer un nuevo enfoque en TODA la nueva trama que se estaba gestando. En ese momento, la Voz de Dios no respondió nada. Pero el título vino al siguiente día, de forma ‘casual’ y sin forcejeos mentales, mientras estaba subiendo un puente para cruzar una avenida. «Un plan mayor». No parecía tener relación con el patinaje, ni con los sueños de los personajes… O quizá sí. Apenas estaba por descubrirlo.

Los primeros meses que había estado escribiendo un fanfic de pronto ya “no sirvieron”, porque tuve que borrar todo el inicio de la historia para reescribir uno nuevo, con personajes cuyos nombres, historias, tropiezos y caídas, arribaron poco a poco, uno a uno. Había nacido una novela… O, mejor dicho, una trilogía, comenzada por un título que ahora entiendo mejor.


4. La mecha se encendió: Vivir de Sueños… Con preguntas.

¿Qué significa soñar y creer?

Esta pregunta fue técnicamente el último fósforo, la mecha definitiva para iniciar esta novela sobre patinadores, sueños y fe. ¿Por qué soñar…? Y más hondo aun: ¿Por qué necesitarías creer en alguien mayor, alguien mayor que tus sueños?

¿Qué relación tienen tus anhelos y sueños con tu fe, si durante años se nos dice que nada de lo que deseas, incluso si es por amor a Cristo, tiene relación con Su Propósito? ¿Para qué te han dotado de talentos, habilidades y fe si sólo debes quedarte sentado sin ponerlos por obra? ¿Es que en serio la fe (y la fe en un Dios Vivo que nos renueva cada día) está destinada al encierro de las cuatro paredes de un templo? ¿Creer es sinónimo de actuar como un «cristiano» dentro de una iglesia? ¡¿De verdad para eso hemos sido llamados?!

Las preguntas, mías y de los personajes, surgían, a veces con respuestas muy inesperadas, a veces sin ellas… Pero lo que tuve en mis manos se desarrolló de una forma que hoy encuentro asombroso. Más de una vez, yo sólo he sido la pluma que va entintando las vidas de personajes que son muy vivos e independientes. Sí, inspirados por mi propio mundo, pero desarrollados enteramente en el suyo.

Jael, Erwin, Stephen, Olive… Mikhail, Anna, Vidhi, Melek (y todos los que se irán sumando), son tan ‘míos’ como lo fue el germen que le dio nombre a esta novela. Ellos son -y lo digo con humildad- un pedacito de un plan mayor en el que estoy insertada por Gracia. Vivir de Sueños ha sido una de las maneras más concisas en las que he visto a Dios presente en mi vida, sosteniéndome a pesar de mis dudas y mi exasperación. Vivir de Sueños es, para mí, la evidencia de que un pequeño anhelo, puede ser parte de algo más grande, algo que aún no ves ni entiendes, pero está ahí.

Sólo tienes que acercarte a esa Voz que sigue diciéndote… Caer y levantarse. Porque (y esta es la parte importante): ¡No te levantarás solo! No mientras tu Padre Celestial esté contigo, para ponerte en pie, sacudir el polvo, sanar tus heridas, todas las veces que sea necesario (o hasta que aprendas a sostenerte de Su mano y no soltarte).

Entonces, en todo caso, la verdadera frase se transforma:

Caer y ser levantado.

¿Será verdad? Ya lo iremos descubriendo en Vivir de Sueños y el resto de Un Plan Mayor.


¿Ya estás leyendo Vivir de Sueños? ¿No? Déjame ofrecerte los primeros capítulos del Vol.1, completamente gratis para tu celular, tableta o PC. También puedes checar la serie completa aquí.

Sea que apenas estés adentrándote en la pista de hielo con Jael, Mikhail y los otros, o que ya estés en el hielo con ellos, ¡muchas gracias! Nos quedan muchos sueños, retos y aventuras qué descubrir con cada uno de ellos. Ojalá que sigamos juntos hasta el final.

1 comentario en “La inspiración detrás de una novela inesperada

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