¿Por qué necesitamos la Navidad? Ahora más que nunca

Quería titular a este artículo «Por qué deberíamos celebrar Navidad». Sin embargo, al pensarlo un poco, me di cuenta que el verbo deber no era el más adecuado para lo que quiero decir. No se trata de tener que ni deber hacer. Actualmente, con la rigidez con la que hemos tratado los temas de fe, usar las términos precisos no es sólo una cuestión de retórica sino de la correcta transmisión de ideas. Y en el caso de la Navidad, una celebración que últimamente es más asediada por cristianos que por personas lejanas a la fe, es importante usar las palabras correctas. Entender la esencia presente que esta fecha tiene depende de ello. Y por tanto, también el efecto que la Navidad tiene en nosotros.

Pero ya me dejo de rebuscadeces (esa palabra no existe). Vayamos al punto.


Una celebración atacada por no-creyentes… ¡Y creyentes!

Seamos honestos: Actualmente, los cristianos (cualquier denominación) se dividen entre los que celebran Navidad y los que la han estigmatizado por sus bases paganas. Ya no es un secreto para nadie que el 25 de Diciembre fue el día de celebración de las Saturnilias (Siglo I d.C), una fecha para festejar el inicio de los días más largos con sol y el final de la cosecha. En honor, obviamente, a Saturno y otras figuras de la hoy mitología grecorromana. Cuando el cristianismo se extendió por Roma, Asia y Oriente, las personas comenzaron a cambiar sus perspectivas respecto a quién rendir tributo y muchos aspectos relacionados a Jesús (evangelico e histórico) se unieron a esas celebraciones.

Jesús de Nazaret no nació el 25 de diciembre. Los historiadores afirman (desde los Evangelios) que seguramente ni siquiera nació en invierno (diciembre-febrero). Y la antagonía que las Saturnilas representan para el cristianismo moderno han provocado una ola de anti-navidad que impera en casi todas las denominaciones cristianas. Si a eso sumamos el plan comercial que el sistema consumista creó en la Navidad, es obvio que a más de un creyente esta fecha le parecerá todo menos «cristiana».

Pero… Estigmatizar la Navidad, con tildes de paganismo o consumismo, me parece tan superficial y errado como creer que Jesús nació el 25 de diciembre. Ambas son ideas falaces y -más triste aún- propician una noción contaminada que derruye una celebración que tiene todo para ser maravillosa, digna de celebración y también -atención, hermanos- una herramienta para hablar de un Cristo que no parezca retablo.

Y sin afán de ofender ni sonar subversiva, me explico…

Una celebración que evolucionó, se transformó y mejoró… Como muchas otras cosas en la Historia

Este no es artículo de semiología ni semántica. No pretendo aburrir a nadie con teorías del significado ni la recepción de éste. Umberto Eco y otros autores están ahí para eso. Pero, sí quisiera retomar nociones básicas de una realidad que vivimos TODOS los días y eso es, el sentido de las cosas. Todo lo que hacemos posee significado. Un significado que varía (y variará) en relación al contexto que vivimos ahora (y en el futuro). Entonces, lo que antes los griegos consideraban el «día de adorar y honrar al dios Marte», hoy, para la mitad del mundo, es sólo el día «martes». Lo que para los antepasados clásicos era el día Lunar (y por ende de honra a los dioses cobijados por la noche), hoy, para ti y para mí sólo es el día Lunes (Monday).

Tal vez suene raro viniendo de mí, pues creo en el poder que las palabras tienen y su efecto de larga duración. Pero también he aprendido que no todo tiene que tener un sentido directo al origen de cada sema (raíz de significado) ya sea palabras, ideas, hechos o… celebraciones.

La frase todo depende el cristal con que se mira es muy útil en este caso. Las festividades son una prueba. Y así, tenemos el 12 de diciembre, en el que España celebra al héroe Cristóbal Colón, descubridor de la América y el Nuevo Mundo, mientras que dicho «mundo» tiene al 12 de diciembre como el inicio de una colonización y un genocidio que marcaría a la historia del continente americano y de toda la humanidad. Los vencidos y descubridores (y sus herederos) miran la misma fecha con diferentes ojos. ¿Por qué? Porque todo cambia en relación al contexto, al período, al tiempo, incluso ante la religión.

Actualmente, el ataque contra la Navidad radica en sus orígenes páganos, aun cuando el culto a tales dioses dejó de propagarse ¡hace siglos!; también se la ataca por su relación con otros aspectos idólatras (como si algunas denominaciones no fueran ya idólatras con respecto al fanatismo que le tienen a sus «reformadores» o apologetas). Pero, como dije, mi intención no es ofender, sino apreciar. Porque si bien, al analizar la celebración moderna, actual y presente de la Navidad podemos ver que no tiene ya nada de su sincretismo original, lo que sí tiene es mucho de oportunidad.

Porque, aunque muchos de mis hermanos no lo vean, el nacimiento de Jesús es tan importante como su muerte en la cruz (y su victoria sobre ésta). Y para prueba de ello nos queda el evangelista más histórico de la Biblia: Lucas. Un médico e historiador griego, acompañante de misión de Pablo de Tarso, y escritor de dos de los libros más referenciados de la Biblia, Los Hechos y el Evangelio que lleva su nombre. ¿De verdad sería tan poco importante el nacimiento de Cristo como para que Lucas se tomara la molestia de investigar los detalles a su alrededor? Testigos, evidencias, lugares, historias…

Y así, por Lucas, tenemos la cronología del nacimiento de la persona que celebramos cada Navidad. No un mito griego o persa, no un hombre barbado que viste de rojo (ya dejen de usar la imagen de Coca-Cola para San Nicolás), no un sincretismo… Jesús de Nazaret, anunciado por muchas voces de profetas más de 100 años antes, prometido por el Creador y Redentor del mundo. Un regalo para un pueblo sumergido en oscuridad, y no, no estoy hablando de Israel nada más.

¿Por qué iba a importarnos tanto el nacimiento de este hombre si no es porque vino a nacer, precisamente, por y para nosotros? El Embajador del Plan más increíble que se ha escrito en la Historia, el Embajador del Dios que creo todo, venía al mundo no como un rey (que lo es), no en un palacio o en un hotel de 5 estrellas (como es lo usual para la gente importante), ni siquiera con la algarabía de la pompa y platillo.

Un establo, una ciudad minúscula, de noche, con padres (o tutores) de poco dinero y un tumultillo de pastores que vendrían pocos días después a ver quién era y si la promesa era cierta…

La Navidad actual es importante porque desenmascara al Jesús que la religión (y nuestro orgullo) estropea todos los días: El Hijo de Dios nació en el exterior del mundo, no en un castillo (ya lo dijimos) pero tampoco en el Templo. Nació en un portal diminuto para que cualquiera pudiera acercarse a verlo y creer que la promesa de Dios se estaba haciendo realidad.

Un niñito que se volvería hombre, para dar luz a los ciegos de alma y sanidad a los enfermos de corazón; enriquecer a los de espíritu empobrecido, liberar a los esclavos de su pecado y su angustia. ¿Cómo se entregaría Jesús a su pueblo, cómo iría a la cruz para morir y vencer a la muerte, si no nacía primero? Y así como su vida tuvo la congruencia humilde que un siervo de Dios debe tener, su nacimiento fue exactamente igual.

¿Por qué destruir una celebración que conmemora el nacimiento del Jesús verdadero para echar lejos al imagen falda del retablo religioso? Quizá sea eso… Quizá el hecho de recordarnos a nosotros mismos que Jesús no vivía en un Templo (aunque hablo de ello y es importante), sino que propagaba el mensaje de Dios en las calles, con las personas y los necesitados reales.

Una celebración con repercusión… Para todas las generaciones

Por eso, no es que algo nos obligue (o no) a celebrar Navidad. Porque los esquemas usualmente tienen que ver con nuestro corazón orgulloso y no con lo que Dios pide realmente. Podría ser que en el futuro, descubramos el indicio de la fecha exacta cuando nació Jesús, y muy seguramente aún así, la fecha de su muerte y resurrección (que esas sí, son claras histórica y bíblicamente), seguirán predominando. Pero una vez más, quisiera reflexionar en esto y entender:

No es la fecha lo que importa, es el valor presente que tiene; su relación con nuestra realidad, nuestros miedos y nuestra necesidad de esperanza. Porque en un período donde todo se ha vuelto tan poco seguro gracias a un virus invisible, no es que debamos celebrar algo «cristiano» para sentirnos seguros… Es que realmente, lo necesitamos. Necesitamos sentir que estamos a salvo, no por nuestras fuerzas ni por el contexto, sino por una mano realmente segura. Necesitamos sentido y esperanza. A Jesús. Al bebé que crecería un día para venir a decirnos su razón de venir, una razón que necesitamos tanto recordar, abrazar, anhelar:

Yo he venido para que tengan vida… Y para que la tengan en abundancia.

Juan 10:10

Navidad es la única celebración relacionada con Cristo que ha logrado salir del concepto de lo netamente cristiano. Hoy, el nombre de Jesús suena como un eco cada vez que alguien dice «Feliz Navidad», «Merry Christmas», y todas las variantes idiomáticas que poseen la raíz semántica de su nombre o la idea de «natividad». Hoy en día, Navidad es la única fecha en la que el cristianismo ya no puede encerrar a Jesús en sus estándares; y así, él mismo va a presentarse a la casa de cada familia, los estantes de comercios, las plazas públicas, todos con un «Belén» que recrea las escena de un pesebre, una madre, un padre y un bebé nacido para ellos y el mundo.

Hoy en día, Navidad es la única fecha en la que se oyen coros y anécdotas de paz y amor, todos enlazados con la paz y el amor que un grupo de ángeles declaro la noche que… Sí, Jesús nació.

En resumen, finalmente, necesitamos celebrar Navidad porque… todos, creyentes o no, necesitamos paz, amor y buena voluntad. Necesitamos a Jesús, el embajador de esos regalos que son permanentes, capaces de durar más allá de una Nochebuena. Necesitamos al Único que puede traernos esperanza y que hace una fiesta de Navidad cada día de nuestra vida… Y por la eternidad.


Y como último ejemplo de por qué realmente necesitamos Navidad…
La Tregua de Navidad, durante la Primera Guerra Mundial. 1914, un hecho REAL y significativo. ¿Habría habido «tregua» si estos soldados hubieran estado en trinchera, en invierno, aquel diciembre sin ninguna fecha que los hiciera cantar coros y recordarse el valor del Amor, la Paz y el Perdón? Piénsalo.

Con amor: Feliz Navidad y Próspero 2022

Gracias por ser parte de este espacio, de Vivir de Sueños y cada momento. Qué Dios traiga ánimo y fuerzas a cada persona que lee esto. Qué la Paz que sólo Jesús ofrece reine en nuestras vidas cada día.
Gracias por estar aquí.

Elizabeth RH

1 comentario en “¿Por qué necesitamos la Navidad? Ahora más que nunca

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