5 mentiras sobre la Inspiración, ¡y que ya deberías dejar de creer!

Comenzamos con esta serie sobre la inspiración. Como lo prometí, a partir de hoy (y todo el mes de Junio) estaré publicando artículos breves sobre este tema que a todo artista, creador de contenido, lector y persona mantiene en vilo. La Inspiración. Ese ente etéreo que a pesar de las muchas cosas mágicas que se dicen de él, a veces nos da más problemas que verdadero apoyo. Recuerdo que en mis años como fictioner, el tema de la inspiración era broma sardónica: Perdíamos la cuenta del número de fictioners que comenzaban a escribir (y publicar) una historia, arrebolados por la inspiración que les llegó como torbellino, pero que al paso del tiempo dejaban de escribir porque esa «malvada Musa» se había ido, dejándolos a medio fanfic, con lectores desilusionados por otro fictioner que caía en hiatus.

Si lees fanfics, novelas alternas, o si simplemente eres un creador de contenido, sabrás que a veces la inspiración más que una musa parece un globo que está perdiendo el helio: sube y baja, sube y baja, y al final simplemente cae al piso. Ya no sé a cuántos escritores jóvenes he visto quejarse por la falta de inspiración y los intentos inútiles de conservarla para terminar un texto que han comenzado. Pareciera que ese toque mágico sólo existe para hacer sufrir a todos los que emprenden algún proyecto nuevo, sea de escritura, de arte, de trabajo o lo que sea.

Más de una vez, muchos me han preguntado cómo hago para no perder la constancia al escribir. ¿Acaso tengo un secreto para mantener a la inspiración conmigo y no perderla de vista? La verdad es que hace mucho que no creo en el mito de la inspiración como herramienta vital de creatividad o emprendimiento. Pero antes de que tú, estimado amigo, pienses que soy de esos creadores esquemáticos y cuadrados, déjame aclararte mis puntos.

Con este primer artículo, tengo el propósito de romper esos esquemas que nos hemos creído sobre cómo «inspirarnos» más. También estaré escribiendo otros artículos para explicar cómo aplico mi principios sobre inspiración-trabajo en mi propia novela: Un Plan Mayor. Así que, vamos ya, que la inspiración es volátil pero el esfuerzo disciplinado no.

Y para eso, en vez de hablar de lo que es (o creemos que es) la inspiración, escribo para ti lo que en realidad NO es y que vale la pena entenderlo de una vez por todas. Por supuesto, esto es más relativo al trabajo escritural, pero creo que puedes aplicarlo a tus propias áreas de vida: lectura, trabajo y emprendimiento, escuela, proyectos, ¡todo!


La inspiración no es el motor de un artista

Empezamos a romper mitos que se han erigido desde hace años. Bien, mis estimados: Contrario a lo que se piensa, ningún escritor (de esos que a ti te gustan y has leído mucho) y ninguna figura a la que tú admires por sus metas conseguidas, han sido personas basadas en trabajar bajo el influjo de la «inspiración». Nadie, ni siquiera el más soñador y artístico, comenzó, trabajó y terminó su camino porque estuviera lleno del aire mágico de una idea. Y es que podríamos ponernos a debatir sobre si la inspiración es un rayo luminoso, un foco encendido cuando menos lo esperas, un nuevo color en medio de la bruma, una idea avasallante… Sea como sea que lo visualices, por más maravilloso que sea ese momento de «encantamiento», nada de eso puede llevarte a trabajar y esforzarte para hacer realidad (y material) ese encantamiento que de pronto te ha llegado.

Así que de ninguna manera un impulso subjetivo puede ser el verdadero motor que pone en marcha un proyecto. Si estas leyendo ahora una novela que te encanta, ten por seguro que aquello que puso a teclear esas palabras y páginas no fue un ensueño de ideas… Sino la voluntad de trabajar duro y disciplinadamente de ese autor.

La inspiración no termina obras…

Esto puede sonar muy similar al punto anterior, pero vaya que sí hay una distinción. Pues bien, aunque la inspiración sí puede ser el primer centelleo de un proyecto (vamos a hablar de eso al final), la inspiración no es lo que propicia a un autor a sentarse día con día ante el ordenador y escribir. Y por ende, la inspiración no necesariamente será la que acabe el trabajo que se está escribiendo. De hecho, si soy honesta, muchos artistas pueden terminar su obra sin un ápice de su primera inspiración. Y esto no es «malo» ni frío, en realidad, es una cabeza completamente despierta, concentrada en lo que ha estado haciendo y en darle los toques correctos a ese gran final que tanto ha esperado.

Lo digo porque lo he visto en otros escritores y en mí: Cada vez que uno intenta escribir bajo el arrebato de una idea (inspiración), volverá más tarde a ese texto para encontrarse con graves errores ya sea de coherencia, gramática, falta de dirección, en fin… Corregir esos errores, afinar el texto, perfeccionarlo; ¡eso no tiene nada que ver con estar inspirado! Todo lo contrario, cuanto más despierto se encuentre el cerebro, listo en su pedestal de corrector, mejor quedará terminado ese texto.

Así que no… Un escritor no termina su obra lleno de inspiración. Y que bueno que así sea.

La inspiración no muere (no importa si sientes que es así)

Tengo una frase para esto.

La inspiración no se crea ni se destruye: Sólo se transforma.

Elizabeth RH

De esto voy a hablar un poco más en el siguiente artículo de esta serie. Pero por ahora, quisiera que quedara claro. Ciertamente, la inspiración es la parte más ambigua, abstracta y no material de nuestro trabajo como escritores (o seres humanos), pero no necesariamente un ser volátil que flota en el aire por voluntad propia y se va cuando más la necesitas. No. La inspiración no es más que el resultado de las experiencias continuas que tenemos día con día, conscientes y subconscientes. La inspiración es la realidad, transfigurada en algo repentino que nos hace cuestionarnos, sorprendernos, imaginar posibilidades, en fin. Puede venir, sí, de la música, de una película o un libro, de una conversación propia o ajena… ¡Pero al fin y al cabo de nuestra propia vida! Cosas que hacemos rutinariamente y sacan a relucir pensamientos que estaban ocultos por ahí, dándoles forma de una canción nueva, una fotografía, una pintura, una novela, un proyecto de negocios, ¡tantas cosas!

Entonces, si la inspiración no es un ser «independiente» que quiere influenciarnos, ni una Musa etérea volando por ahí, entonces, de ninguna manera puede morir: No mientras nosotros sigamos con vida, no mientras estemos trabajando más y más en aquello que hemos comenzado. La inspiración no se destruye, se transforma en trabajo duro, que a su vez dará más ideas (inspiración) y así los engranajes no dejan de girar. ¿Por qué entonces algunos trabajos es imposible volver a retomarlos? Bueno, de eso vamos a hablar en el siguiente artículo.

La inspiración no es una lámpara que cumplirá tus sueños

Lo sé, quien cumple los deseos es el genio, no la lámpara. Pero vamos a tomar esta imagen, ¿ok? He visto a muchos llenos de ilusión por escribir, por pintar, por proyectar y emprender. Hablan de sus ideas, de lo bien que suenan y serán, de lo únicas que son. Y sin duda todo eso es verdad. Pero, ¿de qué sirve soñar si jamás despertamos para descubrir de qué son capaces esos sueños? Incluso en la Biblia hemos visto que un ideal no es nada si no hay acción. ¿Te imaginas a la viuda Noemí soñando con ofrecerle una buena vida a su nuera Rut, pero nunca yendo a trabajar al campo donde Booz las habría de encontrar? ¿Y Moisés, además de Josué, oyendo sobre la Tierra Prometida, pero siempre sentados, a la espera de que Dios hiciera todo el trabajo?. «Esfuérzate y sé valiente», son dos órdenes que implican acción, disciplina y voluntad.

Si tienes grandes ideas, sueños nobles, anhelo por usar los talentos y dones que se te han encomendado, entonces no puedes sólo frotar la lámpara de ideas y esperar que todo se cumpla instantáneamente. Jesús hablaba de los siervos que trabajaban y los que prefirieron ocultar sus talentos por miedo al fracaso. El Amo en esa parábola no disciplina a los siervos que ganaron menos… Sino a los que nunca lo intentaron.

La inspiración es sólo un chispazo para encender un fuego…
¡Qué tú mantienes encendido!

Si pudiera dar una imagen para definir a la inspiración sería el centelleo de un encendedor (de esos antiguos que funcionaban por fricción). La chispa inicial, minúscula y que dura menos de un instante. A veces no enciende nada y desaparece, pero en otras ocasiones logra llegar a un cúmulo de leña y un pequeño fueguecito se inicia. Eso es la inspiración para mí. Pudo o no depender de ti que iniciara, pero se pone ante ti como una oportunidad. ¿Qué harás? ¿Lo observarás encantado sin hacer nada, para que al final simplemente se desvanezca? ¿O irás a traer más leña para hacerlo crecer y trabajarás duro para mantenerlo encendido y estable? Un fuego más grande que no sólo te ilumine a ti, sino a los otros…

Desde luego, saberlo no quita los peligros que tratarán de apagar aquello que estás tratando de mantener. Y eso tampoco te excusará de alejarte y dejar que todo se apague porque «ya es muy difícil de cuidar». Iniciar un proyecto que inició por algo tan minúsculo y abstracto, es un verdadero reto, porque habrá más de uno que te diga que es algo fútil y no tiene sentido. Pero quién puede saber de qué será capaz un pequeño fuego, si es usado para alumbrar cosas que nunca antes se habían visto, o incluso consumir errores y prejuicios que nadie se había atrevido a confrontar. La chispa de inspiración que tienes en tus manos es más grande de lo que ahora parece…

¿Me dejas decirte cómo puedes evitar que se apague? ¡Nos vemos en el siguiente artículo! Será sobre bloqueos y cómo confrontarlos.

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