¿Por qué arriesgarse y escribir? Reflexión de una escritora en construcción

Ya ha pasado un año desde que el Vol.1 de Vivir de Sueños fue lanzado al mundo.

En ese entonces, sólo contaba con el manuscrito editado de una novela, el proyecto de publicarla en 5 volúmenes (si es que el primero salía «bien»), una página de facebook y este blog.

El único lector de Vivir de Sueños había sido mi hermana. Un lector cero, o lector beta, nada «familiar». Mi hermana -a quien tengo el gusto de llamar editora también- a diferencia de muchos parientes o amigos que se tientan el corazón a la hora de criticar tus escritos, siempre ha sido una lectora perspicaz y sin rollos verbales. Si algo estaba mal en la novela, no tenía coherencia, o simplemente no sonaba bien en la historia, ella me lo decía sin dudar. Sus respuestas y lecturas fueron la clave para que yo continuara escribiendo 50 capítulos (para ese entonces), sin saber siquiera si algún día serían algo más que un archivo en mi PC.

Pero, eso era todo: Un solo lector, ella (pero qué buena lectora) y unas cuantas herramientas.

Recuerdo bien cuando Cary RH (mi hermana, sí), me llamó por teléfono desde su trabajo para decirme que ya me había abierto una página web (ésta) y que ya había terminado de editar la portada del Vol.1. «¡Es ahora o nunca!».

Parecía una locura, 13 editoriales habían rechazado la propuesta de publicar Vivir de Sueños, y el público lector al que estaba enfocando la novela (cristianos jóvenes o amantes del patinaje), era casi nulo a mi alrededor según mi experiencia. Dentro de mí, la voz era clara: «¿A quién le importará?»; «Esto no va a funcionar»; «Tener buen recibimiento como fictioner no es lo mismo en el mundo de una obra original». «Tu trabajo no vale… Tu voz no vale».

Yo no sé cómo fue que el Señor (el Dios que todo lo sabe y me inspira) me dio las fuerzas para seguir. Quizá los comentarios repentinos sobre lo bonita que era la portada (¡robó miradas de personas importantes en el patinaje mexicano, de veras!), quizá los mensajes de algunas personas desde lejos (quienes vieron la novela y se sentían curiosas…). Quizá la persistencia de mi hermana exhortándome a no ocultar lo que estaba haciendo.

Por aquellos meses de Noviembre y Diciembre, recuerdo también que Cary RH y yo estábamos mirando, por mílesima vez, la primera película de Back to the Future. Algo curioso ocurrió. En la escena donde Marty McFly habla con su padre (joven) en la cafetería de la escuela y se da cuenta, por primera vez, que es un escritor oculto, la frase de George hizo que mi hermana se virara a verme.

-¿Qué haces? -pregunta Marty.

-Historias… Historias del espacio, con habitantes de otros planetas y…

-No, no te creo. No sabía que hacías cosas creativas. Déjame ver…

-¡No! Nunca dejo que alguien lea mis historias.

-¿Por qué no?

-¿Qué tal si las leen y dicen que no soy bueno? No podría soportar esa clase de rechazo y… Creo que es difícil que alguien lo entienda.

El miedo al rechazo es algo natural en todos nosotros. Eso es un hecho casi inseparable a la hora de emprender un nuevo proyecto o al simplemente entrar al nuevo grupo de trabajo o escuela. Pero últimamente he pensado, que para un artista (cualquiera que sea su base o plataforma), el rechazo significa no sólo perder un trabajo o quedarse sin dinero. Es algo más profundo, una punzada más revolvente en las tripas, que nos hace tragar grueso y pensárnoslo mil veces antes de aceptar la idea de mostrar nuestro trabajo a otros.

Ser rechazado, tu obra, no es igual a perder una vacante, es igual a saber que no eres apto, que eso en lo que tanto sueñas e inviertes, es falso y que no eres más que un soñador perdiendo el tiempo en cosas que 1)nadie entiende o a nadie le importan y 2)ni siquiera eres lo bastante bueno(a) para demostrar lo contrario, lo importante que realmente es eso en lo que tanto trabajas.

Los años que Dios me permitió entrenar la pluma con historias alternas, eran, de alguna forma, cómodos, pues los personajes pertenecían a un fandom ya creado y eran de la autoría de alguien más. Yo sólo «jugaba» con ellos para escribir, diseñar nuevos escenarios, pero siempre respetando el estilo del autor original. Los lectores llegaban porque, en buena parte, YA amaban el fandom original. Tenía un 50% de sus lecturas ganadas. Y aunque nunca diría que el fanfiction es cosa «fácil», hay que admitir que el miedo al rechazo es mucho más inferior al que se tiene cuando lanzas TU propia obra.

Claro que, eso no lo supe hasta hace un año…

Estos meses de primer aniversario, he estado meditando mucho en que, si bien publicar (de forma independiente sobre todo) tu novela, supone un riesgo, el verdadero riesgo proviene desde mucho antes. Y ese acto temerario no es otro que el hecho de escribir.

Escribir. Escribir. Escribir.

Aún si tienes un único lector (al que debemos procurar y agradecer) y eso no cambia hasta mucho después.

Aun si más de una vez, se siente que es un esfuerzo inútil, que a nadie le interesa, que deberías estar usando el tiempo para «ganar dinero» o «haciendo cosas de provecho».

Aun si la colina parece muy alta y no ves ni siquiera rastro del final (por ahora).

ESCRIBIR.

Vivir de Sueños se forjó un capítulo a la vez, un escenario por sentada de escritura. Pero el tiempo de escribir era también la semilla germinada de horas previas de estudio (sobre patinaje, sobre los países e idiomas, sobre las competencias, sobre técnicas de baile… ¡tantas cosas que llenaron mi PC con pestañas de Google hasta arriba del 100!). Y también, era el resultado de dedicar oraciones precisas, cuando la trama comenzó a mover a los personajes hacia pensamientos más íntimos, más abismales, donde sólo la fe podría significar algo.

Escribir es un riesgo porque significará «robar» horas de pasarla divirtiéndote con tus amigos, familia, o meramente durmiendo o viendo memes en FB. Implicará que tus cercanos piensen que ya te volviste (más) loca porque pasas horas en la computadora, y otras más dentro de ti. Implicará que los personajes comiencen a robarse espacio de tus pensamientos, de tu Yo, de tu tranquilidad, porque no te dejarán en paz hasta que hayas escrito lo que está pendiente. Será un riesgo porque, aún sin quererlo, un pedacito de ti se quedará en ellos, y cuando lo notes, sufrirás el impacto de verte desde «afuera» y notar cosas malas/tristes que de otro modo nunca habrías visto ni aceptado.

Escribir es el máximo riesgo de quien quiere entender la vida a través de la palabra, porque es un estira-y-afloja entre mis pensamientos y los pensamientos de los personajes, mis/sus convicciones y mis/sus miedos, mi/su certeza y mi/su incertidumbre, demostrado todo mientras la trama se forja y las preguntas de los personajes se vuelven TUS preguntas, con el riesgo de no recibir respuesta pronto… o nunca.

Este año, en el que he recibido MÁS de lo que esperé, me doy cuenta que la escena de Marty y George McFly es más que una comedia. Sentirse rechazado después de tomar riesgos tan altos en el proceso de escritura o creatividad, te golpeará directo a la cara y probablemente te haga caer de bruces con todas tus esperanzas. Pero la escena de Marty y su papá se suspende en ese instante, para que ambos vuelvan a hablar de riesgos, más tarde…

Si te lo propones… Te sorprenderás de lo que puedes hacer.

Marty MacFly – Back to The Future I

No será en un mes, tal vez ni siquiera en un año o en tres. Tal vez, el éxito no venga en la forma del aplauso masivo o el contrato editorial cuantioso (en el caso del escritor). Tal vez, el éxito, es justo eso. SORPRENDERTE a ti, de lo que puedes hacer. A pesar de los riesgos, de los miedos, de las ganas de tirar la toalla y rendirse de una vez. Seguir, seguir, seguir… Tomar el riesgo. Con fe y un corazón dispuesto. Porque, como el Vencedor del Mundo dijo: Al que cree, todo es posible (Mr.9:23-24)

Viendo el Vol.1, 2 y 3 (y contando) en mis manos… Quisiera mirar la película de Back to the Future otra vez, la escena de Marty y George, con mi hermana desde luego, levantar el pulgar y sonreírle. No necesitas que otro entienda lo que sientes por tu obra y tu miedo al rechazo… Basta con que tú te arriesgues y tú creas.

El verdadero riesgo, ahora lo concluyo, sería no intentarlo. Pues quedándote parado, «sin riesgos», no llegas a ningún lado. Y no existe peor calamidad en la vida, que soportar el «hubiera…».

Mi agradecimiento eterno y humilde a Dios, a mi hermana Cary RH, a todos los que han hecho posible esta foto… Vale la pena arriesgarse cuando hay otros impulsándote.

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