¿Por qué mis hermanos deberían ser mis mejores amigos?

Un amigo es siempre afectuoso y en tiempos de angustia es como un hermano.

Proverbios 17:17

Terminamos febrero. Y con este segundo mes del año, pasamos página al 14 de Febrero y todas sus conmemoraciones. Personalmente, no celebro San Valentín como tal. Pero tengo que admitir que la amistad y el amor son dos aspectos valiosos en mi vida. Por supuesto, no me refiero al amor en su concepto romántico, sino a ese que el autor de la carta a los Corintios (2 Corintios 13) describió con poesía y verdad.

Y bien, con motivo a que el amor y la amistad nunca dejan de ser (y es nuestro deber pedirle a Dios ayuda para eso), escribo esta entrada, dedicada a esos que no sólo son amigos, sino hermanos de sangre y carne. ¿Los tienes? Seguro que la mayoría aquí tiene al menos un hermano o una hermana en su haber. Pero, ¿les llamamos «amigos»? Aquí escribo (y te recuerdo) 5 razones por las que debería ser así.

Razones para que los mejores amigos sean tus hermanos

Crecieron juntos

¿A cuántas personas de las que conoces puedes preguntarle sobre recuerdos de tu infancia? Y no recuerdos de la escuela, recuerdos de tu propia casa; los viajes hechos cuando éramos niños, las travesuras que escondimos de nuestros padres. Nuestros hermanos mayores fungen como un ejemplo inmediato en nuestro crecimiento. No lo digo yo, sino los psicólogos. Más allá incluso que nuestros padres, los hermanos mayores son esos modelos a seguir a los que inconscientemente vamos a admirar por un buen rato. Su influencia y labor con los hermanos menores permanece de por vida. Del otro lado, tus hermanos menores son ese primer «ser bajo mi cuidado» que tendrás. Un sentido de responsabilidad y apoyo mutuo, que se forja con mayor fuerza por crecer a la par, en peleas y conciliaciones, en juegos y aprendizaje.

Compartir momentos increíbles juntos es una característica que muchos amigos tienen. Pero compartir dichos momentos, mientras vamos creciendo y desarrollándonos hacia futuros adolescentes, jóvenes y adultos, eso es algo que sólo se vive con nuestros hermanos.

Es tu sangre y carne… Parte de ti

Yo no juzgo a aquellos que por alguna razón no tienen una buena relación con algún hermano. Cada vida es diferente y a veces, por más que se intenté, algunas relaciones son muy duras. Pero si tengo que ser honesta, a veces me parece difícil de creer que una persona no sólo se lleva «mal» con ellos, sino que incluso guarde algún tipo de reacción hostil o de odio contra sus propios hermanos (a menos que hubiese un evento que lo justifique, claro). Considero que la idea de que ese o esa junto a mí no es sólo otra persona, sino una que lleva mi sangre en sus venas, debería ser suficientes para guardar el respeto y amor que deberíamos guardar por nuestros padres (también relacionados bajo sangre y carne con nosotros).

Literalmente, tus hermanos son una «mitad» tuya . Compartimos rasgos físicos tan similares, que muchas veces la gente allá afuera nos confunde, ¿o no te ha pasado? En otras palabras, esas cualidades de las que puedes sentirte orgulloso sobre ti mismo, también están en ellos. ¿Por qué despreciarlas si las aprecias en ti? Cabello, ojos, color de piel, tono de voz, estilo de caminar… Incluso si hay rasgos que la gente aprecia en tus hermanos, es como si estuvieran apreciándolos indirectamente en ti. ¡Aprécialos también!

Viven bajo el mismo techo

Lo sé… Esta razón puede parecer más bien una «calamidad». A veces me pongo triste cuando escucho amigas que dicen estar hartas de su casa, de su familia. Triste porque… También he sentido eso. El hogar que debería ser un consuelo y alivio, puede ser un tormento. Pero eso no es necesariamente porque vivamos en un ambiente tóxico (yo sé que hay excepciones…), más bien es que las relaciones, en general, SON MUY COMPLEJAS.

Y no hay duda, las personas que mejor nos conocen son aquellas que viven con nosotros. Me refiero al verdadero «tú» que no se oculta de dejar su ropa regada en todas partes, de comer con la boca abierta, o incluso andar en ropa interior o pijama (dependiendo cuánta confianza exista). ¿Tendrías esas «facilidades» de acción con tus amigos de la escuela? Yo creo que no, o quizás en menor grado. Tus hermanos y tú viven bajo un mismo techo de rutina diaria. Esos pequeños detalles que nos forjan, los vivimos con ellos. Tener una relación positiva, entonces, hará que los errores o malos hábitos no se vuelvan una excusa para atacar al otro, sino una forma de fortalecer la paciencia y el amor.

En mi caso, saber que mi hermana nota cuán tarde que me voy a dormir (soy noctámbula), y por ende despertar después de las 10 am, sin recibir un juicio de su parte, es una de las cosas más bonitas que comparto con ella… y que más le agradezco.

Tu dolor familiar (y personal) es su dolor

Esto tiene relación con la idea de vivir bajo el mismo techo. Porque vivir en comunión no es sólo presenciar los malos hábitos del otro, también es compartir las problemáticas que vive. Soy testigo de cuán diferente es para un niño experimentar el divorcio de sus padres por sí solo versus hacerlo en compañía de (un) hermano(s). Y de verdad puedo decir que el resultado al final del crecimiento de esos (digamos después de los 15 años), compartiendo esas vivencias y apoyándose, es impresionante. La Biblia expresa algo similar sobre el gran regalo que es tener a alguien junto a ti (literalmente) para soportar las cargas.

«Mejores son dos que uno…» ¿Te suena? (Eclesiastés 4:9-12) Este pasaje se suele expresar mucho en duran una boda. Pero, ¿qué dirías si en realidad está dedicado a los hermanos y a los amigos? No es que el esposo o la esposa no sea un apoyo idóneo, pero la Biblia que hacerte recordar que aprendemos (justamente) cómo ser ese apoyo idóneo (sin condiciones o prejuicios), ¡en nuestra propia casa! Con nuestra familia y, sí, con nuestros hermanos.

Si un niño puede afrontar con mayor ligereza la separación de sus padres por tener a su hermano para entenderlo, orar juntos, levantarse uno al otro; el resto de asuntos de la vida también serán llevaderos. Enfermedades, angustias, problemas económicos o laborales… ¡Una larga lista de dificultades en las que tus hermanos pueden ser la diferencia!

Dios creó la relación de hermanos para algo muy especial

Amor fraternal. Lo has escuchado, ¿cierto? Es uno de los amores que podemos encontrar en la Biblia y también en documentos y discursos sociales. Un amor para tus iguales. Pero, la raíz de este amor viene de la palabra FRATER, es decir, HERMANO. Cuando Pablo y otros autores de la Biblia referían a guardar un amor «fraternal» se referían a un amor que fuera igual al que le darías a una persona de tu sangre. Esto implicaría una reflexión previa, ¿verdad? Si el Señor quiere que nos amemos como hermanos, entonces significa que el amor fraterno es sumamente especial.

Podríamos llevarnos largas y buenas conversaciones sobre los hermanos en la Biblia. Las complejidades de sus vínculos y las terribles consecuencias que cargaron aquellos que prefirieron hacer de lado el amor a un hermano, para mirar solo el amor a su egoísmo. Pero en vez de traer a colación los ejemplos «negativos» (en los que podríamos encajar si no tenemos cuidado), mejor mencionemos a uno positivo. María, Marta y Lázaro. Tres hermanos, a los que podemos intuir «huérfanos» en su juventud, puesto que Lázaro actúa como cabeza de la familia. Si no conoces o nunca has meditado en el apoyo fraterno que estos tres se compartían, te invito a leer sus historias (Lucas 10:38-42 y Juan 11:1-23) desde un enfoque de amor fraterno. Qué profundo debió ser el lazo entre los 3, para que Jesús no sólo los considerara seguidores de justicia sino amigos con los cuales convivir, bajo su techo, con los 3 por igual. ¿Podríamos presumir de una distinción así?

En conclusión…

Las relaciones en familia no son fáciles. Si alguien debe ponerse ante la lluvia de piedras por no tener siempre paciencia con su familia, esa soy yo. Pero le doy gracias a Dios que, a pesar de las diferencias, Él nos ayuda como familia a mantenernos en comunicación (todo lo que sea posible). Y sobre todo eso, el poder contar con mi hermana mayor es una bendición que deseo para todos los que leen esto. Tener hermanos es una oportunidad, no un castigo. Porque es la posibilidad de tener a los mejores compañeros de aventuras, los mejores instructores, los mejores aliados, los mejores ejemplos de lo que se debe y no se debe hacer…

En fin… Los mejores amigos.

Pero recuerda, para recibir, primero debemos dar. Y si todo se reduce a actuar como quieres que ellos actúen contigo (Mateo 7:12), entonces: sé el mejor amigo o la mejor amiga que querrías tener en tus hermanos y tenles la paciencia y el amor que te gustaría que ellos tuvieran contigo. Con todo mi corazón te digo: Vale la pena.

¿Tienes hermanos? ¿Cómo te llevas con ellos? ¿Podrías llamarlos «mis mejores amigos»? Cuéntame.

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