Vivir de Sueños se forjó un capítulo a la vez, un escenario por sentada de escritura. Pero el tiempo de escribir era también la semilla germinada de horas previas de estudio (sobre patinaje, sobre los países e idiomas, sobre las competencias, sobre técnicas de baile... ¡tantas cosas que llenaron mi PC con pestañas de Google hasta arriba del 100!). Y también, era el resultado de dedicar oraciones precisas, cuando la trama comenzó a mover a los personajes hacia pensamientos más íntimos, más abismales, donde sólo la fe podría significar algo. ¿Valdría la pena todo ese esfuerzo y riesgo?
