El año de la esperanza

Para quienes me conocen saben que el 2024 ha sido un año lleno de altibajos. Desde hace 4 años, en cuestiones emocionales y familiares (y por ende también cuestiones de trabajo y afirmación de planes de vida), las cosas en casa han sido una pendiente cada vez más empinada, llena de niebla más espesa y repentinos agujeros y barrancos en el camino. Entonces, ¿qué pasa con el título de este post? ¿Y qué tiene que ver la esperanza con un abismo?

Cuando quedarse quietos suena agobiante…

La espera, esa amarga palabra que produce angustia cuando se extiende demasiado, es una palabra pesada. La espera es una antesala, a dos letras de transformarse en esperanza, todo dependiendo de cómo sea ese resguardo, ese quedarse quietos. Qué dificil es admitir que no importa si el Señor me ha dado capacidades y opciones, hoy lo que debo hacer es no hacer uso de ellas, que la capacidad que quiere entrenar en mí esta vez es justamente la de aguardar.

Que nos pasen por alto… ¡Al fin es una buena noticia!

Estaba hablando con una de mis estudiantes de Español a cerca de la razón por la cual la fiesta de la Pascua es tan diferente en Latinoamérica y España vs la versión del Easter que hay en Europa Central, Reino Unido, EUA y Canadá. ¿Por qué si son parte de la misma celebración parecieran que no tienen nada qué ver? El tema nos interesó tanto que lo usamos buscar información durante la clase.

El Sábado más largo de la historia…

Cuando los miedos se entremezclan con nuestro corazón cansado y este contexto social tan oscuro que nos rodea... Las palabras de esperanza, la luz que un día nos iluminó, los versos bíblicos, las prédicas, se vuelven nada cuando entramos a ese Sabbat de Silencio en el que sólo la oscuridad nos llena, dentro y afuera.