Resurrección: O cómo revivir a la esperanza en un mundo corrompido

[Ficha informativa del libro en la parte final 👇]

Hace tiempo que Lev Tolstoi (o su literatura) y yo nos encontramos por primera vez. Recuerdo que fue un profesor de Psicología en la preparatoria (colegio/secundaria) quien mencionó para nosotros a un tal escritor ruso que escribió una novela acerca de una mujer que, en el inicio, ve morir a un pobre trabajador de vías dentro de las ruedas del tren y que luego, tras una historia compleja, es dicha mujer quien termina muerta en tales vías ahora no por accidente sino por suicidio. La idea se me quedó tan plasmada en la cabeza que, incluso si olvidé el nombre del autor, meses después en un puesto de libros usados, encontré una novela en cuya sinopsis una tal Anna Karenina se arrojaba a unas vías del tren. Apenas estaba entrando a la universidad cuando leí por primera vez Anna Karenina y así conocí a un autor totalmente distinto a las novelas juveniles que hasta entonces había leído.

Si bien, Tolstoi no fue el autor “juvenil” que yo esperaba y en aquel entonces la historia me confundió más de lo que me hizo entender, algo hubo en su escritura que me hizo saber que ahí había algo diferente, no era solo una historia o una trama para enganchar lectores, ahí había un escritor que tenía algo que decir sobre un mundo complejo que yo todavía no entendía. Y así, sin saber lo que me esperaba, me enganché ahora sí a un autor ruso que se convertiría en mucho más de lo que imaginé.

He continuado con la lectura tolstoyana todos estos años. Cuentos, aforismos, otras novelas… A veces Tolstoi desparece de mis lecturas cuando hay otros autores a los cuales también aprender. Sin embargo, es fascinante cómo de ser solo una de las voces narrativas que más me ha enseñado, Lev Tolstoi se ha convertido también en una de las voces de fe, vida y filosofía de las cuales más quiero aprender. Hace menos de dos años, apenas, me enteré que Tolstoi no solo pasó de ser un ateo de intensas reflexiones a un seguidor de Cristo enteramente convencido, sino que además en su conversión a la fe Tolstoi no pudo separar su nueva vida del estilo de vida cotidiano: renunciando así a la opulencia, los cargos de renombre, sus tierras y a toda comida que explotara y dañara animales. Tolstoi se convirtió en un cristiano que renegaba de la iglesia ortodoxa, católica y protestante, por enterarse de que todas esas ramas estaban secas y alejadas de la Vid que es Cristo. Para Tolstoi, la vida de un cristiano no es “la vida de iglesia dominical”, sino una vida totalmente transformada, que busca a través de una revolución pacífica y discreta alejarse totalmente de lo que el sistema mundial propone y que, la institución cristiana, no solo permite sino que se hace participe. Tolstoi terminó convencido de que Cristo es la respuesta al cambio que el mundo necesita, y que es justo la religión y la política quien más refrena ese cambio.

No muchos lo saben pero, Anna Karenina, la gran obra por la cual es aclamado, se transformó en un éxito desagradable para su autor. A Tolstoi le disgustaba que todos asumieran su obra como una defensa al feminismo que promueve libertinaje en vez de justicia para las mujeres. Incluso si la escribió cuando aún no era un creyente en Cristo, le pareció que la crítica y los lectores no habían entendido su punto con la historia de Anna. Tras su cambio de fe, manifestar sus aprendizajes en sus obras posteriores fue una de sus metas principales. Pero hay que aclarar: Tolstoi no es un autor moralizante, ni doctrinante. Tal como con sus primeras novelas, Tolstoi no pretende “enseñarle” a otros, sino mostrar, evidenciar y exponer verdades que los demás SABEN pero deciden normalizar o pasar de largo. Tolstoi es un autor de pluma afilada, y siguió siéndolo hasta sus últimos días, pero digamos que fue en sus últimas novelas, cuando era más clara su fe y más claro el derrumbe del mundo, que el autor entendió que si quería dar un mensaje no podía ser “sutil” ni metafórico. Con Anna Karenina usó un doble adulterio (el del hermano de Anna y el de la misma Anna) para alegorizar la hipocresía social que apunta y juzga siempre a las mujeres, pero a los hombres “perdona” y exime. Pero en su última obra, de la que vengo a hablar aquí, no hay metáforas, no hay retoricas de más, no hay, pues, un intento por ser políticamente correcto para no dañar susceptibilidades. Tolstoi, como si supiera que ésta sería su última oportunidad de decir algo que el mundo prefiere ignorar, escribió una historia que, como buena matrioushka, va desde lo más superficial y visible, hasta lo más hondo y oscuro de la humanidad.

Resurrección

(En breve sin –demasiados- spoilers)

El príncipe Dimitri Nejliudov ha amasado una buena fortuna con sus herencias y las tierras que sus obreros trabajan. Tiene buena reputación, galantería y renombre. Aun si es un hombre dado a las mujeres, incluso las casadas con sus amigos cercanos, nadie duda de su honor. En sus diversas cualidades, Dimitri Nejliudov debe colaborar como jurado de tribunal en su ciudad. En uno los juicios, Nejliudov se reencuentra con una vieja conocida de sus días de juventud, Katya Máslova, quien en su actual actividad como prostituta se ve involucrada en el asesinato de uno de sus clientes. A pesar de su inocencia, un error en el acta de juicio lleva al jurado a culparla, sentenciándola a prisión de trabajos forzados en Siberia. Encontrarla de nuevo, en un tribunal precisamente, sume a Nejliudov en una profunda crisis de culpa, pues fue él, en aquellos días de juventud, el origen de que una Katya joven e inocente terminará perdida. Ahora no solo es culpable de haberla orillado a un estilo de vida degradante luego de seducirla y abandonarla en el pasado, sino de que en el presente será castigada en una prisión siberiana por un juicio injusto. Nejliudov se enfrenta cara a cara a la verdad, su verdad, por la cual es auto-enjuiciado y culpado , y el único camino que queda es revindicar los males que ha provocado. Así inicia un arduo camino por tratar de liberar a Katya de su sentencia, o de seguirla a la misma cárcel si fuera necesario, aun si eso implica abandonar su estilo de vida cómodo y agradable. Su camino por restituirla es también su camino por restaurar su propia vida.


No es una novela de amor…

La trama de esta historia me resultó conocida. Quizás para más de uno, leer a un hombre tratando de emancipar a una prostituta de su cruel destino también les resulte familiar. Entre todos los títulos en mi cabeza, el primero que vino fue Amor Redentor de Francine Rivers. Por un instante pensé, “ah, mira, aquí está la historia original de donde Francine se basó para hacer su historia…”. Después me di cuenta de mi error. En su novela, Francine Rivers hace un total enfoque en la aventura romántica que sus respectivos personajes deberán vivir, acercando su trama más a Mujer Bonita (sí la película de Julia Roberts) y no al profeta Oseas en el camino. Sin embargo, Tolstoi ni siquiera hace un esfuerzo por entablar un romance entre Nejliudov y Máslova. Desde el inicio, es casi un hecho que el tiempo que ha pasado, y en el que ambos no se han visto, en el cual ambos se han transformado por completo en lo que son ahora, no les dejará espacio para considerarse siquiera como intereses románticos. El desarrollo entre los dos es realista, es crudo, es totalmente pesado como todo lo que Nejliudov empieza a atestiguar en cuanto comienza su decisión por “ayudar” a Máslova. Pero si saber que Resurrección no es una novela romántica hace a alguien descartarla, eso sí que sería un error, y grave. Es justamente porque no es un romance, que esta novela debe ser leída. Y voy a decir por qué…


Nejliudov no es el rescatador…

Por un momento, pareciera que la historia será sobre Dmitri Nejliudov buscando reformarse de su vida inmoral y que ir en ayuda de Katya es ayudarse a sí mismo. Pero al paso de las páginas, de leer los constantes intentos frustrados a los que Nejliudov se enfrenta en su búsqueda de derogar la sentencia de Katya, te das cuenta: Esta novela no quiere hablar de personajes, quiere hablar de personas, de sus actos, de la sociedad. La primera parte, Dmitri Nejliudov lo pasa de escenario en escenario, lidiando con burócratas en la alta sociedad, para que alguien pueda atender su caso con Máslova. Él es un príncipe, él es de alta alcurnia, él tiene poder para que los presos puedan tener un segundo juicio, obtener un perdón de otro príncipe, incluso del Zar mismo, y así ser librados de sus cargos. Pero mientras Nejliudov va de sitio a sitio, consciente de que cada día tiene menos tiempo para Máslova, sus amigos de alcurnia cenan en mesas opulentas, se ríen de cosas banales, y oyen predicas de religiosos que hablan de Jesús pero no están dispuestos a vivir como Él se lo dijo al joven rico.

La segunda parte, tras su fracaso total, Nejliudov vuelve a la cárcel y se dispone a abandonar sus tierras, sus riquezas y todo lo que lo llevó a ser un burócrata corrupto, para marchar con Máslova a Siberia. Su plan es casarse con ella y en caso de que ésta no lo aceptara, él está dispuesto a vivir cerca de su prisión para ayudarla así como a los otros prisioneros que se acercan a pedirle favor. Así entonces, mientras en la primera parte vimos lugares cómodos, opulentos, espaciosos y enriquecidos, la segunda nos llena de los espacios de largas caravanas de presos, marchando sin fin de cárcel a cárcel, rumbo a los gulag siberianos donde muchos han de morir. Cárceles hacinadas, hombre y mujeres enfermos, pueblos empobrecidos, harapos, hambre, suciedad y corrupción policial. Nejliudov se llena de horror no solo por enfrentar de golpe la realidad de su sociedad, sino porque se da cuenta de que la burocracia que visitó meses antes, es la encargada de permitir que hombres y mujeres (en su mayoría inocentes) vivan en condiciones deplorables, degradados a lo más bajo, dejados a morir en las peores formas, todo por un sistema social que los orilló a convertirse en “delincuentes” para que después un sistema penitenciario los condene a esa degradación.

Por su marcha, en la que marchamos todos al leerlo, Nejliudov se da cuenta de que algo en la humanidad está torcido, quebrantado. Que el sistema judicial que permite eso que ahora ve, es solo una punta de iceberg de todas las cosas que la humanidad se permite hacer y les pone el título de legales, normales y correctas. En su desfile de horror, pasan burócratas, policías, sacerdotes, pastores, personas con poder religioso o político, que ya ni siquiera se espantan al escuchar cosas como presos matando a otros presos para tener algo de comer, ni mujeres siendo abusadas por policías en las lejanías de Siberia. Al final, en medio de crisis social y casi espiritual, Nejliudov se encuentra también con el poder de aquellos que están dispuestos a sufrir penalidades en nombre de la verdadera justicia. Hombres y mujeres que han estado en contra de dichos sistemas torcidos y que se han convertido en presos políticos. Su único crimen es haber alegado en algún momento contra la policía, la religión y el zar, y ahora son presidiarios, junto a Máslova y otros interesantes personajes. Sus pensamientos y convicciones forjan una red de esperanza en medio de la oscuridad de las celdas (las de esas prisiones y las humanas).


El rescatador de Máslova y Nejliudov (y de todos) es el hombre de Nazaret…

No quisiera contar el final, porque creo que todos deberían leer esta novela. Es un tomo algo grueso, como cabe esperar de Tolstoi, ¿o no? Casi 800 páginas, aunque en mi ejemplar de Alianza Editorial, la caja de texto y la tipografía es totalmente cómoda de leer, por lo que no cuesta trabajo avanzar. La historia tiene tantas reflexiones, ya sea en digresiones del narrador, o en monólogos del mismo Nejliudov, así como una abundancia de personajes que tampoco sorprende al tratarse de Tolstoi. No importa si hay nombres que se olvidan o se diluyen muy rápido, el sentido al cual quiere hacernos llegar es claro. Ninguna obra de Tolstoi es “blanco/negro”, porque él sabía, como cualquiera que ya lo haya entendido, que los seres humanos no somos completamente de un color en nuestras acciones. Pero Resurrección tampoco pretende quedarse en la interpretación relativa o ambigua. Al igual que con Anna Karenina en donde la cosa no se trata de si tú crees que lo que hizo Anna estuvo «bien» o «mal», tampoco debes decidir si lo que hizo Nejliudov con Katya para dañarla en su juventud fue correcto o no, o si lo que hizo después al cambiar totalmente de vida fue sensato o no. Sin embargo, no hay medias tintas en cuanto al resto de crítica social. La conducta opulenta de la sociedad (rica y no rica) pero que prefiere normalizar lo incorrecto, es un hecho que ES INCORRECTA y hasta perniciosa. A nadie le interesa si el que está en escena es un pastor protestante, un sacerdote ortodoxo, un policía o la hermana del protagonista, todos hablan de ser buenos pero prefieren hacerse de la vista gorda ante la necesidad de los otros. Sus máscaras se caen en cuanto Nejliudov (y lo que está haciendo) los confronta. Te pueden caer bien al inicio, pero después los desprecias y pasas a preguntarte cuánta de su hipocresía es la que usamos hoy en día, especialmente los que nos hacemos llamar cristianos. Esto es justamente lo que el autor quiere provocar y lo consigue.

En sus últimas obras, Tolstoi intentó hablar cuanto pudo de la deficiencia del sistema judicial y penitenciario. En Resurrección expone sin tapujos que el sistema de cárceles es una de las peores atrocidades del mundo moderno, que de nada sirve hacinar personas en cárceles si de antemano la sociedad seguirá orillando a los seres humanos a perderse en delincuencia. ¿Terminaremos encerrando a cada persona cuando el mal del mundo lleve a todos a delinquir tarde o temprano? ¿Quién es realmente JUSTO para encerrar a otro? ¿Y qué hay de los delincuentes de cuello blanco, sentados en finas sillas, robando, ultrajando desde sus puestos de servidores públicos? ¿Por qué encerrar en vez de crear una sociedad que deje la opulencia, el consumismo, el pensar egoístamente? ¿No sería más “barato” mantener una vida como la que Jesús propone en el Sermón del Monte en vez de pretender que se puede mantener cientos de cárceles de las que no resurgirá nada bueno jamás? Las preguntas son echadas ante nuestros ojos, después de ver tantos escenarios, cuestionarnos cómo actuaríamos en cada uno, y dejándonos con lo mismo que Nejliudov tienen en sus manos en las últimas páginas…

¿Será esta solo otra novela de reflexión existencial y social, o habrá realmente una resurrección en nuestro pensamiento? Yo creo que esa es la verdadera y única pregunta que nos ha dejado Tolstoi en esta, su última, gran novela.

Ficha de Libro:

Título: Resurrección | Воскресение

Autor y Año de publicación: Lev Tolstoi / Rusia 1899

Libro leído para esta reseña: Resurrección, Tr. Irene Andresco y Laura Andresco (2012). Ed. Alianza Editorial, España. Pp.710.

Calificación en Goodreads: ⭐⭐⭐⭐⭐

¿Ya han leído Resurrección? ¿Les gusta la literatura rusa y de Tolstoi?


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3 comentarios sobre “Resurrección: O cómo revivir a la esperanza en un mundo corrompido

  1. ¡Hermosa reseña! Me gustó tu forma de ver el título, en que la esperanza desfallece en un mundo corrompido como el nuestro pero que puede retoñar gracias Él. A veces es necesario tener contacto con esas esferas de degradación, dolor e injustica, como a la que descendieron Máslova y Nejliudov, para conocer el panorama completo y darnos cuenta de la viga en nuestros ojos. Sin duda se trata de una historia que deberíamos leer, ya tengo más ganas de darle un tiempo y sumergirme en las reflexiones del autor.

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    1. ¡Muchas gracias, Pris!
      Sin duda, es necesario darnos cuenta de los abismos humanos que como sociedad hemos creado y hasta sostenido para ver no solo esa oscuridad sino entender cuán fuerte es la luz de Cristo en comparación. Y cómo puede alumbrarlo a todo.

      Espero que puedas leerlo en su momento. Y compartirme tus ideas. ¡Saludos!

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