Si la vida fuera una pintura por números… ¿serías capaz de terminar?

El 2024 ha comenzado. Durante las Correspondencias nos hemos escrito acerca de la transición de diciembre a enero. Si algunos aún no están suscritos a estas queridas misivas digitales, recuerden que pueden hacerlo a través de los newsletter (abajo el cuadrito). Es totalmente gratis y las correspondencias son personales, sin spam ni marketing. Verdaderas cartas en esta era posmoderna.

Como saben, el año pasado teníamos intención de publicar la segunda parte de Un Plan Mayor. Sin embargo, las cosas no encajaron tan bien para hacerlo por lo que tuvimos que postergar su publicación. Ahora, me alegra decir que ya hay un anuncio oficial de que la segunda parte viene en camino, con un previo del booktrailer y la revelación del título esperado. ¿Cómo se llamará la CONTINUACIÓN de Vivir de Sueños? Aquí les dejo la probadita:

Pero este post, que celebra el inicio del nuevo año y el primer post del 2024, no es para hablarles solamente de Un Plan Mayor. En realidad, quiero contarles algo muy valioso que aprendí a hacer el año pasado y que, de forma inesperada, me trajo una importante enseñanza. Pero primero, ¿conocen las pinturas por números? Esos peculiares lienzos que están divididos por segmentos y numerados con la precisión del color necesario para llenar cada espacio. Quizás los hayan visto en algún lado, o los recuerden de las ilustraciones infantiles que se dan en grado escolar para enseñarnos a pintar o contar.

Pues bien, siempre había querido hacer mi propia pintura a base de números. A diferencia del talento que Dios le dio a Cary RH y a otros fabulosos ilustradores, yo nunca he sido buena para dibujar, en especial si hay que pasar del boceto a lápiz a la técnica a color. Nunca, nuca, nuca he podido pintar, no tengo una colorimetría mental y me desespera no saber qué color poner, donde establecer sombras y luces, etc. Pero la pintura a base de números parece “fácil”, pues solo tienes que hacer lo que los números y el instructivo de color te dicta. Así que uno de mis logros a desbloquear en el 2023 era hacer mi primera pintura numerada. Adquirí un lienzo a partir de una lista de ventas en internet, espeté un largo mes a verlo llegar, lo coloqué en un bastidor y a pintar…

¿Fue tan fácil como pensé? ¿Rápido e indoloro? No, no y no. Pero después de 3 meses pude terminarlo. Y decidí traérselos a ustedes para compartir no solo una pintura sino lo que aprendí a través de ésta. ¿Quisieran verla? El resultado está al final, así que espero se queden cerca…

Lo que aprendí pintando por números…

1. La vida tiene pasos, por favor, síguelos.

Ojalá que fueran tan claros como una serie de números. Es obvio que la mayoría de las veces no tenemos una lista de cosas para hacer y así arreglar todo más fácil en el trabajo, la escuela, la familia, la vida… Pero a veces debería bastar la lógica de entender una verdad básica: para alcanzar algo tenemos que trabajar por ello. Mi meta con el lienzo a números era terminar una pintura alguna vez en mi vida, pero al comenzarla me di cuenta lo complejo que sería acatar los detalles: no pasarme de la línea para no arruinar otro color entre los números, tener cuidado de pintar con el color correcto el espacio del número correspondiente, no hacer caso a la voz de solo hacer líneas a lo loco “tratando” de plasmar la pintura impresa de muestra en vez de seguir los detalles numerados… Ahí me di cuenta que si quería conseguir mi objetivo, no sería por mis métodos sino los que me habían dado.

Lo mismo me ha sucedido con otros hábitos adquiridos en años pasados. Correr para ir a carreras, escribir una novela, publicarla, mejorar mi inglés para mis clases, aprender a cocinar comida vegana con mi hermana, cuidar de otros seres vivos y ver por ellos como el Señor le enseñó a Adán… Nada es de un día para otro, todo tiene pasos, procesos, tiempo. No siempre nos dan una lista de estos, pero a veces ni siquiera es necesaria. La tenemos en el trabajo constante, en la experiencia que otros puedan aportarnos y enseñarnos, en la dirección que Dios nos da en su Palabra. Seguir los pasos es más importante, en serio, que terminar el proceso. Porque cuando acabamos, ya no somos los mismos.

2. No importa que no lo parezca, estás avanzando.

Algo que me estresaba los primeros días de pintura era sentir que no estaba progresando en ésta. Pintaba y pintaba, me tardaba horas en rellenar cada recuadro, y no ver ni pistas de la imagen final me hacía sentir que lo estaba haciendo mal. Tardé casi un mes (la verdad es que lo procrastinaba por días), pero al fin pude ver el marco de la puerta a donde quería llegar. Recuerdo que fue un vistazo sin querer, desde lejos. Volteé y de pronto noté que había sombras y profundidad, que ahí estaba una pared y una puerta. Eso me motivó a no dejarlo y a procrastinar menos los siguientes días.

¿Acaso no nos sentimos frustrados cuando hemos trabajado mucho y no aparecen los resultados que buscamos? Ya nos han dicho esto tanto, pero hay que recordarlo: Lo que siembras, cosechas. Y esto no es solo una advertencia para las malas acciones, sino la garantía de que si hoy siembras constancia, mañana cosecharás un fruto terminado de ésta. No te quepa duda. No existe la higuera estéril en una vida que busca ser disciplinada y constante en sus acciones; al final siempre hay un resultado, no importa cuánto tiempo pase.

3. Tomar atajos solo te retrasa, es mejor poco a poco.

Como dije, más de una vez quise olvidar la instrucción de pintar número a número y simplemente hacer rayones de color, tratando de imitar la imagen de muestra que venía en el paquete. En las reseñas de la pintura que yo compré, había fotos de algunos usuarios que así lo hicieron. Prácticamente ellos “repintaron” a su manera la imagen original. No voy a mentir: Muchas eran buenas pinturas y me hacían sentir aún más amateur. Pero recordarme de nuevo que todo tiene un proceso, y es necesario seguirlo aunque cueste, me hacía esperar y concentrarme en la serie de colores del día. Quizás si me hubiera adelantado, mi poco talento artístico hubiera arruinado todo el lienzo… Y eso sí que me habría hecho enojar.

Adelantarse porque estamos impacientes, o tomar medidas que a veces no son del todo correctas o congruentes a nuestras convicciones, son tentaciones muy usuales en nuestro proceso al trabajar por un propósito. Pero hay que plantearnos nuevamente: Los pasos pequeños son doblemente mejores: son más seguros y también nos enseñan a ser más resistentes y constantes.

4. Al final, todo adquiere una nueva perspectiva.

Cuando iba a mitad de la pintura y comencé a usar otros colores (primero me basé en terminar la pared y luego pasé a la buganvilia en la parte superior), me sentía rara por usar ciertos tonos. Por ejemplo, el negro. Era demasiado intenso, oscuro y fura de lugar. No se sentía como una “sombra”, sino como un color invasor entre los demás. Traté de no usarlo e ignorarlo, pero fue muy necesario en las plantas. Tengo que decir que al pintarlo, lo hacía a regañadientes, convencida de que estaba arruinando todo lo que ya llevaba del lienzo y que los diseñadores de la pintura se habían equivocado con el tono. Sin embargo, al finalizar el resto de colores moteados, y ver lo que el negro hacía, entendí. Era muy necesario para enfatizar los tonos vivos de las flores, y nada en la pintura se vería igual sin él.

Muchas veces, aquellas cosas que crees innecesarias o “saltables”, en realidad están en tu camino porque van a enseñarte o mostrarte algo. Pueden ser personas, situaciones, aprendizajes, pasos… No hay que dar nada por hecho ni descartar nada a primera vista.

5. Cuando mires la pintura terminada, el lienzo en blanco olvidarás.

Una vez que llegué a las pinceladas finales, me sorprendí por haber perdido tanto tiempo en pensar que no lo lograría. No es que tuviera un talento dentro de mí esperando surgir, la pintura siempre estuvo allí, esperando a que llenara los espacios en blanco. Mi único mérito podría ser no haberme rendido, pero la verdad es que ese es el punto de las pinturas a números: Continuar pintando hasta terminar.

Ojalá la vida fuera una pintura por números. Ojalá cada día fuera un espacio por rellenar, un color por añadir, una pincelada por agregar. Ojalá no claudicáramos, aun si otros se burlan y te dicen que nunca vas a lograrlo, aun si tú mismo no crees en ti. Ojalá que pudiéramos entender que el bello lienzo ya está allí, que el Pintor del Universo lo ha dejado para nosotros, y que nuestros pinceles solo van a ocuparse de trazar, poco a poco, el cuadro maravilloso que Él ya diseñó para nuestro bien.

Como quisiera que la vida fuera así.

Pero quizás (y este es mi verdadero aprendizaje), quizás así es. ¿Por qué no descubrirlo este 2024? Tenemos los pinceles, tenemos los días, tenemos la constancia (o vamos aprendiéndola), y tenemos SU dirección. Yo quiero, con todo mi corazón, que a partir de hoy, mi vida sea una pintura por números, donde la libertad del libre albedrio es decidir qué colores pintar cada vez, pero la seguridad de fe es saber que tenemos dirección y un propósito al cuál llegar al final. Que así sea…

¿Cómo pinta el 2024 para ustedes?

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2 comentarios sobre “Si la vida fuera una pintura por números… ¿serías capaz de terminar?

  1. Quedo hermosa, probablemente yo me hubiera tardado todo el año, y desanimado muchas veces tambien peco de impaciente jeje… pero me has motivado mas que nunca a comenzar un proyecto asi, para seguir practicando la constancia y la pacienia.

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    1. Yo estaba segura que me tomaría un año o más. Había creído que sería fácil y rápido, pero cuando vi que después de horas solo avanzaba un tramo comencé a desesperarme.

      Espero que hagas tu propia pintura, Yezz. Toma tiempo, pero vale la pena. Y cuando menos te das cuenta, ya le has tomado el ritmo y el gusto.
      ¡Saludos y gracias por leerme! :3

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