El año pasado estuvo repleto de acontecimientos tumultuosos cerca y lejos de mí. Después de los primeros Juegos de Invierno (del 2018) a los que pude ver con precisión y que marcaron el inicio de mi gusto por el patinaje artístico, el germen de lo que sería la novela Un Plan Mayor, en el 2022, luego de 4 años, volvían otros Juegos de Invierno que prometían ser tan especiales como los del 2018. En primera instancia, estaba el hecho de que mi hermana y yo teníamos que organizar una mudanza justo los primeros meses del año pasado. Literalmente, comenzamos a ver las primeras competencias en una casa y terminamos las finales en la nueva . Pero de eso ya he escrito en otro post y si lo deseas, puedes leer sobre ello.
Pero no porque «por fuera» hubiera ya cosas para contar, los Juegos de Invierno de Beijing 2022 dejaron de ser menos densos que nuestra mudanza. En realidad, si me comparo con lo ocurrido a una de las patinadoras, la más joven para variar, creo que nuestro febrero fue menos oscuro. Y es sobre esta chica y de lo ocurrido con ella de quien quiero hablarles esta vez, pues sé que no sólo cambiará su perspectiva de lo «fino» y «glamuroso» que es el patinaje (cuando en realidad puede ser un mundo lleno de competencia desleal y cruel), sino que incluso puede alertarlos, como a mí, de lo peligroso que es armar conjeturas y juicios contra una persona.

Un grupo de entrenamiento polémico

Kamila Valieva es una de las patinadoras sobre hielo más destacables de la historia. Con sólo 15 años, ya era capaz de hacer saltos cuádruples y triple axel. Quizás tengo que aclarar que un triple axel no es un salto que sea vea mucho en mujeres, y pueden contar con los dedos de las manos a las pocas que ha habido en toda la historia del patinaje. Si bien Kamila no es la primera rusa en lograrlo, en mi opinión, sí es la más consistente porque no sólo ejerce (o ejercía) triples axel limpios, sino que lograba integrarlos a otros saltos complejos (cuádruples toe) y al resto de sus rutinas, que suelen ser muy hermosas.
Tengo que admitir que antes de los Juegos de Invierno del 2022, Kamila Valieva no era para mí una patinadora apreciada. Ella forma parte de un grupo de entrenamiento encabezado por una coach que ya es toda una leyenda en Rusia y toda la comunidad de patinaje. Su nombre es Eteri Tutberidze y es considera una de los mejores coaches del país soviético. Pero justo en su «apogeo» el grupo Tutberidze también se caracteriza por los rumores y casos nublosos. Basta decir que su primera estrella del hielo, Yulia Liptniskaya, otra chica de 15 años, quien ganó oro en los Olímpicos del 2014, se retiró de forma misteriosa, luego de que se destaparan verdades acerca de sobreentreno, anorexia y bulimia. Yulia se desvinculó totalmente del patinaje (aun si sus fans admiten lo contrario) y por supuesto se desvinculó de su entrenadora, al grado de que no opinaría NADA ni para bien ni para mal de los futuros escándalos que involucran a Eteri Tutberidze.
Tardaría mucho en escribir otras situaciones en las que esta coach ha involucrado a sus patinadoras. Ciertamente, las siguientes estrellas del patinaje femenil ruso han venido de su entrenamiento. Pero siempre que hay una triunfadora esa misma triunfadora resulta envuelta en escándalos como competencia desleal en el mismo equipo, estrés por sobreentreno, abuso de ejercicio o drogas, trastornos alimenticios y de medios de comunicación. Para hacerlo más alarmante, sus patinadoras siempre son chicas jóvenes (14 o 16 años) quienes tienes grandes momentos de estelaridad pero se opacan cuando la siguiente estrella, entrenada por la misma Tutberidze, aplasta a la anterior. Y si se lo preguntaban, sí, este grupo albergado de talentos pero también de muchos rumores, me inspiró para crear el Solovieva Team, en donde Anna Grekova entrenaba antes de pasar a formar parte del equipo de Vidhi Sharma y ser compañera de Mikhail Luttenberger, dentro del marco de Un Plan Mayor y Vivir de Sueños.
Por esta razón, solía ser reticente a la nueva estrella que el grupo de Eteri traía en 2020: Kamila Valieva. Incluso a pesar de que Kamila se destacaba por no parecer otra muñeca fabricada del grupo Tuberidze, el rededor oscuro del grupo me disgustaba para no aplaudir a la chica. Como dicen, algo peor tiene que pasar para que el «enemigo» te parezca menos villano y entonces comiences a ver desde otra perspectiva. Y aunque sigo reticente al equipo Tuberizde, mis pensamientos sobre Kamila Valieva dieron un giro entero en los Juegos de Invierno del 2022. Y con mucha razón.
Los Juegos de la Murmuración
Antes de que inicien las competencias de cada disciplina, es la costumbre que los Juegos de Invierno celebren una competencia por equipos. Seleccionan a las naciones que han llevado suficiente número de patinadores para colocarlos en una justa donde todos deben colaborar para ganar el podio. Rusia, Alemania, Estados Unidos, Japón, China y otros países fueron los participantes del 2022. ¿Adivinan quienes eran los favoritos del oro? Como bien pueden intuir, Rusia se llevó cada disciplina: Varones, Mujeres, Pares, Danza. Pero por si fuera poco, el oro no sólo los dejó muy arriba de equipos como Estados Unidos (quienes tienden a ver intolerable que Rusia les gane en algo), la participación de Kamila Valieva con sólo 15 años, despertó las alarmas: Una niña rusa acababa de hacer un triple axel pero también un cruadruple toe. ¡La primera mujer en unos JJOO en hacerlo era una niña… rusa! De nuevo se estaba repitiendo lo que Yulia Lipniskaya consiguió en sus propios juegos del 2014 y más tarde, en el 2018, Alina Zagitova. Todas rusas, todas de 15, todas entrenadas por Eteri Tutberidze.
Rusia ganó el Campeonato por equipos pero no recibieron su medalla puesto que la costumbre en unos Juegos de Invierno es entregarlas dos o tres días después, en una ceremonia abierta. Así que con esto, todos los medios de comunicación ya podían hablar de que la próxima ganadora del Oro en competencia femenil sería una chica de 15 años, la primera que podría romper la maldición de mujeres ejerciendo un triple axel, pues como dije, aunque ya las había habido antes de Kamila, siempre se las veía perder en unos JJOO. ¿Podría Kamila cambiar eso? Yo casi estaba segura de que sí…
Pero en vez de adulaciones, todo cambió el día después del campeonato por equipos. Un medio de comunicación estadounidense reveló que Kamila Valieva había salido positiva en un asunto de dopaje. Entre los argumentos se decía que todo eran trampas del país ruso, que todas las patinadoras de Eteri Tutberidze abusaban de estupefacientes para subdesarrollar sus cuerpos, un largo etcétera de rumores, chismes, confrontaciones. Entre tantos artículos y habladurías, fue muy difícil averiguar con la verdad: En efecto, Kamilia había sido encontrada positivo NO en el examen para los Juegos, sino casi 3 meses atrás, para una competencia nacional en Rusia. Este asunto, que pertenecía exclusivamente a la federación deportiva rusa, se transformó en un chisme mediático internacional, un chisme que aprovecharon los agentes del Comité Olímpico para desacreditar TODA la competencia de Kamila Valieva, especialmente su último triunfo por equipos en los Juegos.
¿Qué exigieron los medios y agentes, especialmente los estadounidenses? Parar el medallero por equipos y no entregar el Oro a nadie pues si acaso Kamila resultaba «culpable» podrían exigir que le revocaran ese primer lugar y entregarle el Oro a Estados Unidos, equipo que había ganado la Plata y podría subir fácilmente si todo resultaba como ellos querían. El problema, y muy grave, no sólo fue suspender un triunfo bien ganado sólo por un rumor que nada tenía que ver con los Juegos de Invierno, el problema fue que todo el ímpetu, el esfuerzo, el talento y la decisión de esta joven patinadora fueron mermados por una oleada de rumores y actitudes muy crueles disparadas contra ella. En vez de hablar sobre sus saltos, sobre su desempeño a tan corta edad, sobre sus programas, TODOS absolutamente todos hablaron sobre una patinadora «tramposa», dopada, aprovechada de sus beneficios con la federación rusa para destacarse.


¿Un dopaje misterioso puede hacer que una chica ejerza saltos cuádruples, tenga disciplina, estructura y arte al patinar? Aunque muchos investigadores salieron a su defensa para hablar del tema, todos los ojos miraron el resto de la competencia a una Kamila Valieva «inmerecedora» de ganar nada. El acoso recibido por parte de los entrevistadores en el pasillo que iba de la pista de entrenamiento hacia la villa olímpica demuestra que el patinaje artístico es otro artilugio para vender revistas y ganar likes y clicks en internet. No interesa si todo son puros entredichos, si la acusada es una menor de edad, si no hay nada clave para acusar, lo que importa es la polémica que se despertará. Las contrincantes de Kamila Valieva aprovecharon la situación para sacar ventaja cuando un entrevistador las abordaba. En vez de concentrarse en su propio patinaje, todas hablaban de lo injusto que era estar en una competencia con una patinadora «no-limpia». La exigencia de éstas y de los medios estadounidenses creció a tal grado que se le dio la advertencia a Kamila Valieva:
Si acaso competía en la justa femenil y si ganaba alguna medalla, NADIE recibiría su presea hasta que se aclarara el asunto del dopaje (lo cual podría demorar años). Kamila Valieva tenía dos compañeras más en el grupo ruso, favoritas al podio junto a ella. Ahora no sólo lidiaba con el odio de las patinadoras de otros países, sino con el de su propio equipo ruso. ¿Qué clase de presión se le estaba imponiendo a una chica por un asunto externo y no probado? ¿Era justo? ¿Las réplicas y los prejuicios, las burlas y los rumores, son solo palabras si repercuten en el desempeño y la fragilidad emocional de una persona?
Kamila Valieva se presentó a la competencia del Patinaje Corto y Largo con una de las caras más tristes y enfermizas que se han visto en el patinaje. No era la expresión de una patinadora nerviosa o emocionada por sus primeros olímpicos, era la cara de una adolescente aplastada por otras patinadoras y un centenar de adultos que manejaron con inmadurez y crueldad su caso. Aun con ese peso en sus hombros, obtuvo el primer lugar del patinaje corto (con un récord includio). Pero una caída en su Programa Largo la dejó en el cuarto lugar definitivo. Su expresión en el Kiss and Cry es devastadora: En vez de tristeza por perder, Kamila estaba aliviada, susurrándole una frase entre broma y lágrimas a sus entrenadores. «Al menos no les voy a quitar sus medallas a las otras chicas…».

El poder de nuestras palabras…
¿Por qué una competencia deportiva, cuyo reto debe ser el deporte mismo, se transforma en un valle de deslealtad y odio? ¿O es sólo una muestra de lo que hacemos cada día? Si alguien es fuerte y progresa, ¿cómo lo tratamos? ¿Con admiración y deseo de ejemplo? ¿O envidias, esperando verlo caer y aprovecharnos de ello?
El caso de Kamila Valieva me hizo mirar con otros ojos a esta jovencita y a su dedicación. Uno pensaría que esto la devastó y la dejó fuera del patinaje. Pero actualmente, Kamila sigue patinando y perfeccionado su técnica y arte. Su caso sigue abierto, puesto que aunque la federación rusa ya explicó y dio un veredicto, son las agencias americanas las que quieren seguir usando esto para continuar la eterna lucha de envidias que siempre ha existido entre EEUU y Rusia. Eso no ha mermado la dedicación de Kamila y puedo decir ya que es una de mis patinadoras favoritas, no sólo por su talento (que nada tiene que ver con dopajes, sino con la pura disciplina) sino también por su resiliencia. Aunque todo esto la obligó a adelantar muchos pasos de madurez, lo ha sabido usar para hacer más profundo su patinaje. Su programa largo posterior a todo este embrollo, es un programa de queja contra los medios de comunicación y el Comité Olímpico. Sólo hay que ver el final y entender de qué está hablando (se los dejo más abajo). Es un patinaje completo en toda la expresión, maduro y con mensaje de inicio a fin.
Sin embargo, el caso de Kamila también me hizo pensar en qué tan fácil nos dejamos llevar cuando un rumor se desencadena. En nuestras iglesias, en nuestra familia, en nuestro salón de clases o el trabajo… En el caso de Kamila, no pasó ni un día para que todos estuvieran hablando de una «patinadora dopada» y no del récord olímpico que la misma patinadora había roto. ¿Somos parte de las bocas que difunden un rumor o preferimos el análisis, reservarnos la opinión y esperar a que todo se esclarezca? Y más aún, ¿somos parte de los jueces o de los que abogan? Pensar en ello me obliga a considerar las palabras de Cristo al respecto, su consejo y advertencia sobre la vara que usamos para medir a otros, pues dicha vara terminará convirtiéndose en la regla que se use para valorar nuestros propios hechos. ¿Es una vara compasiva y sabia, o es una vara de prejuicios y recelos?
Una vez alguien me preguntó si el juicio que Stephen Bookham recibió en Vivir de Sueños, tras su caso de vetaje, no era acaso exagerado. Los deportes no parecen tan polémicos como Hollywood o la televisión. En Vivir de Sueños, Erwin Schmidt, el nuevo coach de Steph, nos da la respuesta: Los prejuicios en deportes, pueden ser peores. Y con el caso de Kamila, lo compruebo. Con un corazón llevado por la envidia, nuestros actos pueden ser peores que los de paparazzis. Podríamos llegar a ser jueces y castigadores de otros seres humanos, conocidos o no, pero seres humanos al fin y al cabo. Ya sea de nuestros padres, hermanos de iglesia, compañeros de trabajo, vecinos… O una chica de 15 años a la que casi le destruyeron su carrera y estabilidad emocional, solo por un chisme.









«BANNED! Stephen Bookham: In the eye of the Storm».
En la portada del Vol.2 de Vivir de Sueños, Cary RH ilustró imágenes y componentes que representan a Stephen Bookham. La revista detrás de su patín es el encabezado de un medio deportivo ficticio (SportLIFE). Más de dos años después de que ella ilustrara esta portada, es triste ver encabezados tan similares para Kamila Valieva. La realidad supera a la ficción.
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