El valor de esperar buenas noticias: lo que perdimos por la era digital

Debo admitir que una de las cosas que más envidio de las generaciones de mi abuela y sus antecesoras es la escritura de cartas. No me cuesta nada imaginar un mundo donde la única manera de contactar con alguien lejano era mediante un par de hojas de papel, largas líneas de anécdotas y el arribo del cartero. No me cuesta imaginarlo porque yo misma he deseado muchas veces tener ese valioso proceso