La fe no es el sentimiento de un corazón “lleno del espíritu”. La fe es el resultado de un intenso entrenamiento de vida. Dios no te pone a "prueba” para entrenar tu fe, de hecho, puedes notar que la fe de Abrahán fue fortalecida por los acontecimientos del día a día de su vida. El Señor usa cada día para enseñarnos a creer en lo que vemos para un día poder creer sin siquiera ver. Abrahán no podía ver al carnero para el sacrificio que reemplazaría a Isaac, pero ya había vivido suficientes evidencias de que el Señor lo proveería de una u otra forma.
