Una fe tan grande: La odisea de Abrahán es nuestra odisea.

Recién terminé un estudio sobre los 12 capítulos que abarcan la vida de Abrahán. Me percaté de que la perspectiva general que nos hemos hecho de él tiende a ser muy general y superficial. A Abrahán se le conoce por su fe y disposición a entregar en sacrificio a su hijo Isaac (quien, según los estudios del pasaje, no era un niño cuando fue pedido como sacrificio). Solemos leer esos hechos, admirarnos de su entrega, y creemos que este hombre estaba lleno de fe porque seguro era «muy cercano» a Dios. Algo que es verdad, pero que no es tan simple. La fe no es una emoción naciente de repente, no es un sentimiento tal como no lo es el amor y la esperanza. No es que uno “sienta” fe y entonces crea o actúe conforme a las palabras de Dios. La fe, Abrahán lo demuestra, es una odisea, una larga jornada de aventuras de vida que no siempre son hermosas y satisfactorias, sino que es un viaje lleno de derrumbes, enemigos, miedos y confrontaciones.

Una odisea, tal cual, un camino largo y sinuoso de problemas en los que Abrahán no siempre tuvo garantías de salir vivo pero que, al final, sirvieron para comprobarle algo: El Dios que lo llamó para salir de su tierra a otra, no sólo es real, también es BONDADOSO.

Estos son los 7 actos de la odisea abrahámica que me enseñaron qué es la fe y cómo se obtiene. No es que la vida de Abrahán sea “alegoría” de la nuestra. Pero su vida sin duda nos sirve para saber una cosa: El Creador se involucra con sus criaturas y lo hace de formas que van más allá de nuestra imaginación.


1. Salir de su tierra y su parentela

El primer paso de toda odisea es salir de la conformidad. Jehová le ha pedido a Abran («padre enaltecido»), dejar a su tierra y a sus familiares para emprender un viaje con destino. Hay una promesa: Hacer de él una nación grande y hacerlo de bendición para toda la Tierra. Con tal garantía, una corazón ambicioso podría aceptar el reto. Abran tenía 75 años cuando salió de casa (pero se llevó a unos cuantos familiares con él, ojo), dispuesto a la aventura. No sabía lo que le esperaba.

Aun si llegó a Canaán (después de un viaje desde Ur, actual Mesopotamia), Abran tuvo que continuar su camino hasta Egipto. Primeros errores, primeros intentos de “salvaguardarse” sin ayuda de Dios… Pero de eso ya hablaremos después.

Quizás una de las primeras cosas que nos suceden al conocer del evangelio es escuchar la voz de Dios diciéndonos que comencemos a soltar o a abandonar nuestros actos de conformidad. Quizás algunos de estos llamados sean sencillos al compararlos con la promesa de recibir su bendición, pero quizás algunos otros no sean tan fáciles de acatar. El primer paso es ir adelante, aún si lo hacemos con ingenuidad. Dios nos hará crecer y hay que ver cómo a través del ejemplo de la vida de Abrahan.

2. Hacer alianzas con la gente correcta y deshacerlas con aquellos que no eran los mejores aliados (incluso familia).

Uno de los mayores aprendizajes de Abrahán fue entender con quién debía aliarse y con quien no. Parece un hombre con un temperamento poco contencioso y eso lo llevó a optar por alejarse de Lot (quien sí parece más pendenciero, igual que sus siervos). Más tarde, cuando Abran se desliga de esa relación familiar poco favorable, se hace amigo de 3 hombres de la tierra de Canaán donde todavía es forastero (Gn.14). Mamre, Aner y Escol son los nombres de estos tres “reyes” cuyos reinados a pesar de no ser muy grandes, sí son fuertes. Estos 3 hombres son quienes ayudarán a Abran a liberar a Lot y a su gente de una invasión realizada por otros 4 líderes del norte cuyos reinos sí que eran grandes y ambiciosos. La historia es más larga y una verdadera épica de guerra. Pero Abran vence con el apoyo de Dios y de 3 hombres que le fueron fieles. Más tarde, Abrahán vuelve a repetir esa conducta leal con otro rey de Beerseba, Abimelec (Gn.20 y 21:22-34). Su conducta en pro de sus vínculos antes que de sus riquezas se confirma en la ofrenda que ofrece del botín obtenido al vencer a los reyes del norte. En vez de entregarle el porcentaje al rey de Sodoma (de quien habría obtenido favores) se los ofrece al sacerdote Melquisedec, rey también de la ciudad de Salem. Un rey y sacerdote que conocía al Dios vivo de Abran.

3. Aprender a poner sus ojos en objetivos NO materiales sino filiales.

Cuando las luchas de poder y tierra entre sus sirvientes y los de su sobrino Lot se acrecientan, Abran opta por separar esa relación. En vez de tomar la ventaja de ser mayor y además tío del susodicho, le deja a Lot decidir la tierra hacia la cual moverse. Lot elige una ciudad ya establecida, vistosa y mejorada económicamente. Abran no contiende. De hecho, Abrahán nunca contiende por temas de bienes económicos. A diferencia de otros hombres en la Biblia que siempre están preocupados por hacerse de un patrimonio enorme y un renombre, Abran se ve más ocupado en atender sus vínculos con las personas.

Mejor buenas relaciones a montones de dinero con hostilidades o a hacerse de una gran hacienda en medio de una sociedad corrompida. ¿Acaso el Señor no le dijo que ÉL lo iba a bendecir con bienes, tierras y parentela? Abran no sólo aprende a creer, también a esperar. Por si en efecto Dios fue llenándolo de más propiedades y alianzas, la promesa de la descendencia no debía estar muy lejos. O tal vez no tan cerca como Abran creía.

4. El costo de sus errores y de no pedir consejo a Dios.

Si hay algo que nos hace aprender es haber cometido fallos. Abrahán comete dos en particular que tuvieron costos altos. El primero fue mentir (varias veces) sobre su relación con Sara. En vez de presentarla como su esposa la mencionaba como su hermana. ¿Qué clase de cosas sucedían en la sociedad de los siglos XX a. C., para que un hombre tuviera miedo de ser asesinado debido a la envidia de tener una mujer bella? Estas mentiras lo llevaron a casi terminar mal con dos reyes: Un faraón egipcio y Abimelec, rey de Beerseba. Ambos sufren consecuencias físicas debido a las mentiras de Abrahán y él debe enmendarlo con disculpas a ellos y a Dios. El segundo y más grave aún es haber accedido a la idea de Sara sobre tener un hijo con Agar, su esclava egipcia. Sabemos que esto no sólo afectó a Agar y a su hijo Ismael cuando fueron desterrados, sino que el mismo Abrahán termina acongojado por la situación futura de su hijo. Afortunadamente, Agar e Ismael no son abandonados por Jehová y de esto también escribí un artículo que ha conmovido a muchas mujeres en mi blog (lee aquí).

Ambos errores tienen como similitud una realidad: Abrahán todavía no confiaba suficiente en Dios. ¿Para qué mentir si su Dios podía protegerlo? Y en efecto, fue Dios quien protegió la integridad sexual de Sara y también la integridad de los varones engañados por Abrahán. ¿Y para que tener relaciones con una desolada esclava si Dios ya le había dicho que tendría un hijo de su esposa? No sólo Abran, también Sara no había aprendido a tener fe. Aún no habían sucedido suficientes problemas ni habían visto el poder de su Dios lo necesario para que ambos pudieran entender que tener fe en Dios no significa creer y hacer las cosas a nuestra manera. Abran es un hombre a quien constantemente vemos ofrecer holocausto y consultar a su Dios para pedir consejo, pero es justo en estas situaciones en donde él prefirió actuar por su cuenta. El resultado es casi fatal y de eso debió aprender muchísimo.

5. Entregar siempre gratitud a su Dios y responder a cada llamado.

Como dije en el párrafo anterior, si algo identifica a Abrahán es su constante consulta o demostración de gratitud al Señor. Casi siempre, antes o después de un acontecimiento relevante en su vida, vemos a un Abran que sale a un punto clave de dichos hechos, construye un altar y entrega su admiración a través de un holocausto. Para los hombres antiguos, ofrecer en sacrificio a un animal no significaba alimentar el “ego” de algún dios, sino humillar su propia vanidad de humanos. Un animalito era quien pagaba el precio de una gratitud que debió hacerse directamente con la sangre humana. Así debieron asumirlo Adán y Eva al ser vestidos con la piel de un animal que tuvo que morir para que ellos pudieran cubrir su desnudez (provocada por el pecado), y así debió asimilarlo Abel cuando ofreció un cordero como gratitud a Elohim.

Los hombres que caminaron con Dios tenían esta particularidad. Pero no era solo el hecho de ofrecer un animal en propiciación, la verdadera entrega era responder al llamado. Abrahán responde al salir de su parentela como Dios se lo dice, y sigue respondiendo cada vez que el Señor lo llama para hablar o actuar. “Entonces Jehová lo llevó afuera y le dijo: “Fíjate en los cielos y cuenta las estrellas. Así será tu descendencia…”. Abran creyó al Señor y le fue contado por justicia. ¿Puedes imaginar a Abran esa noche, bajo el cielo estrellado. Cuando Dios lo llama, en vez de continuar dormido, cansado por su día, va afuera a la noche helada del desierto. Puedo incluso imaginarlo contando las estrellas como Dios le dijo. ¿Cuántas veces hacemos oídos sordos al llamado de Dios porque es “pesado” o “inadecuado” a nuestra agenda diaria? ¿Cómo vamos a creer en sus promesas si ni siquiera salimos con Él a contar las estrellas?

6. Comprobar que la voluntad del Señor siempre es buena y nunca para su mal.

La odisea de vida para Abrahán no termina con una guerra (igual a la que tuvo para liberar a Lot y a su gente). Tampoco con un festín de alianzas con reyes. No es el conteo de sus bienes, el crecimiento de sus propiedades (aunque sí se puede notar en Gn.21 y 23). Tampoco es haber recibido ya a su hijo Isaac, tal como se lo habían prometido. La odisea de Abrahán termina con la voz de Dios, llamándolo nuevamente. Ahora no está pidiendo dejar su tierra y su parentela, ni hacer un paco de sangre (Gn.17), ni contar las estrellas y creer. La última encomienda divina es muy simple:

“Toma a Isaac tu único hijo, al que tanto amas, y vete a la tierra de Moriah. Allí me lo ofrecerás en holocausto, sobre uno de los montes que yo te diré”.

¿Cómo un Dios bueno le promete un hijo para después pedírselo? ¿La promesa de gran descendencia no implicaba mantener con vida a su hijo Isaac? ¿Acaso Dios estaba jugando? Abrahán escuchó la promesa de tener a Isaac poco antes de los 80 años, pero lo recibió hasta los 100. Veinte años de espera. ¿Cómo es posible que ahora suceda esto?

La odisea, los años pasados, los caminos difíciles superados, el haber caminado muchas veces con ese Dios, el haber tenido la oportunidad de verlo (como fuego de pacto y como varón con el cual interceder por Sodoma y Gomorra), la odisea entera no fue en vano…

“Dios se proveerá un cordero para el holocausto, hijo mío”.

Esa es la respuesta de Abrahán hacia el incierto de Isaac.

Jehová no es un Dios malvado. Jehová no es un Dios que promete y se arrepiente. Jehová no es un Dios que dice cosas para nuestro mal o dolor. Abrahán lo ha visto, paso a paso de su odisea; ha oído su voz, ha visto su presencia manifestarse, ha visto sus promesas cumplirse: Su esposa Sara tuvo un hijo en su vejez y Agar está siendo protegida por Él. No importaban sus errores de hombre, Jehová había cumplido.

Así que solo quedaba esa garantía:

“Dios se proveerá un cordero…”.

¿Por qué estaba tan seguro?

7. Entender que es necio negarse a esa voluntad, aún si pide cosas repentinamente extrañas.

Los años de riesgos y fracasos no son una mera metáfora de la vida. Como dije, y como lo podemos leer, Abrahán tuvo muchos peligros a su alrededor que pudieron ser suficiente para acabar con su vida y por ende con la promesa de ser “padre de multitud”. Pero allí estaba Abrahán, con más de 110 años, llevando a su hijo Isaac a una montaña donde sería el nuevo sacrificio que le cedería a Jehová. No es el primer altar y Abrahán ya ha visto actos extraordinarios preceder a sus altares de adoración.

Qué importa si ahora su Dios le pide una barbaridad de acto: Su propio hijo, derramar su sandre con su propia mano. Suena tan funesto, pero Abrahán no siquiera rechista. “Allí adoraremos y luego volveremos aquí mismo”, les dijo a sus sirvientes antes de apartarse solo con Isaac. “Adoraremos y volveremos”. Veo a Abrahan tan convencido del Dios que lo ha cuidado y amado, que no tiene duda de que esto va a terminar de forma extraordinaria. Jehová le había prometido una descendencia… ¡Y le daría esa descendencia por juramento! Es un Dios bueno, es un Dios que cumple.

¿Abran habría podido confiar así a los 80 cuando apenas estaba saliendo de Ur? ¿O en la tierra de Egipto cuando está mintiendo cobardemente? ¿O cuando accede a las ideas de Sara para tener un hijo con su pobre esclava? Abrahán no habría cedido ni por asomo a entregar a su primogénito… Pero este ya es un hombre que ha atravesado un largo viaje de procesos, dolor, y aprendizaje. Este ya no es el Abran que salió de su tierra. Este es un hombre que conoce a su Dios y puede decir sin duda: Jehová-Yireh (El Señor proveerá, ¡siempre!).


Quizás apenas estás conociendo a Dios. Quizás tu camino ya ha dado varios pasos, varios años… Quizás está siendo un año difícil, incluso a 4 meses apenas de iniciarlo. Pero tienes que entender algo. La fe no es el sentimiento de un corazón “lleno del espíritu”. La fe es el resultado de un intenso entrenamiento de vida. No tenemos fe porque sea fácil confiar ciegamente. Tenemos fe porque hemos visto lo que Dios es capaz de hacer, especialmente en las situaciones más incontrolables. Dios no te pone a «prueba” para entrenar tu fe, de hecho, puedes notar que la fe de Abrahán fue fortalecida por los acontecimientos diarios de su vida. El Señor usa cada día para enseñarnos a creer en lo que vemos para un día poder creer sin siquiera ver. Abrahán no podía ver al carnero para el sacrificio que reemplazaría a Isaac, pero ya había vivido suficientes evidencias de que el Señor lo proveería de una u otra forma.

Dios está usando los acontecimientos de nuestra vida, no porque ÉL los provoque, sino porque muchos ya están allí ya sea por nuestro pecado o el del contexto caído que vivimos. Pero en vez de dejarnos a la deriva en esta odisea, el Señor nos guía para que cada dificultad se convierta en un nuevo cimiento de fe y confianza. Si miras atrás, te darás cuenta, las cosas que ha hecho el Señor y los pasos que te ha hecho andar. El camino aún no termina… La fe se fortalece cada día no porque seamos buenos, sino porque hemos aprendido a creer en el único que SÍ lo es.

La fe de Abrahán esa tarde con Isaac transcendió los tiempos y las eras:

El Señor sí se proveyó a un cordero. Pero el cordero que Dios proveyó no fue aquel carnero en el zarzal. El cordero que Dios proveyó no sólo se ofreció a sí mismo para salvar la vida de Isaac. El cordero de Dios fue su propio Hijo. Él tampoco nos negó a su único y más preciado tesoro.

Un Dios así, ¿acaso no te entrenará y acompañará para tener fe en cada día de tu odisea? ¿Acaso no está haciéndolo justo ahora?


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