5 mujeres que fueron olvidadas por los hombres pero no por su Creador

Cuando se habla de Dios y de mujeres pareciera que hay una brecha. Los movimientos pro-mujer del siglo XXI han incentivado el axioma de que Dios no tiene relación con una mujer, pues dicen que la «considera» inferior al varón y secundaria en sus planes. No es una idea gratuita, desde luego. Los representantes de Dios, cristianos o religiosos, como se les quiera llamar, no han hecho un gran trabajo en promover una idea diferente. Ya sea porque la cultura machista (que sí existe, amigos cristianos), se ha mezclado con el pensamiento y el quehacer de la Iglesia, o porque se ha demostrado una indiferencia llana a las injusticias contra las mujeres, pero el Feminismo actual no sólo acusa al neo-cristianismo como machista sino que tiene razón al hacerlo.

Sin embargo, si algo he aprendido con ásperos tragos de realidad, es que la tradición eclesial (o los creyentes-religiosos) son una cosa muy distinta al Creador o Redentor a quien decimos seguir. Ciertamente, el «cristianismo» está albergado de terribles ejemplos masculinos (y también femeninos), y ciertamente en la Biblia hay evidencias de un machismo y crueldad masculina que negarlo nos volvería necios. Pero son precisamente esas terribles anécdotas bíblicas en donde he hallado pruebas de mi punto: El hombre (y me refiero al XY no al conglomerado de raza humana), sí, el hombre que se para el cuello por solo ser eso, un hombre, ha envilecido de miles de formas a su compañera de Planeta, la mujer. Pero en medio de esos actos reprobables he visto a un Creador que nunca se complace con la injusticia y tampoco con la indiferencia.

Un Creador que si bien lleva el artículo masculino en sus letras, no por ello tiene la carga negativa del masculino que tenemos en esta Tierra. Un Creador que no sólo ha establecido juicios contra el hombre injusto, sino que reestablece la dignidad que se le ha arrebatado a las mujeres (ya sea por los hombres o por su propia mano de mujer) y que es una dignidad que Él mismo diseñó desde el principio. Este post corto está dedicado a esas mujeres que piensan que Dios es «un hombre» machista, a esas que piensan que Dios y Religión son la misma tinta, a esas que incluso han sido sobajadas en nombre de «dios», a esas que desean escuchar que hay alguien más para recibirlas cuando hombres, mujeres, todos, ya las han desechado. En este 8M, quiero aclarar algo que debería quedar asentado no sólo un día del año, sino toda la vida:

Aún si tu padre y tu madre te dejaran, con todo, Yo, Tu Creador, te recogeré.

Salmo 27:10

Agar.

Desde Génesis la maldad humana se ve plasmada con tanta crudeza que uno piensa cómo puede la humanidad continuar en esta Tierra. Agar (Génesis 16) es un ejemplo de que el machismo y la maldad no la ejercen solo varones, sino también mujeres. Esclava egipcia, dada como regalo (posiblemente) durante el tiempo en el que Abran y su esposa Sarai estuvieron en Egipto (y al buen Abran no se le ocurrió otra cosa que fingir que Sarai era su hermana y así recibir beneficios del faraón). Sarai era una mujer esteril y ella y sólo ella tuvo la idea de entregar a su esclava como «madre». Un hecho cultural, que perjudicó totalmente a Agar pues pasó de ser una esclava, a una esclava con el hijo no deseado de nadie. La historia la sabemos: Agar tuvo que huir dos veces (la primera por voluntad, la segunda echada por sus «amos»). Desechada, en pleno desierto, Agar recibió la mirada de Dios (y así es como ella lo describe, literalmente). Una esclava que no es parte de las promesas divinas escuchó al mismo Dios, que le hablaba a Abran, decirle que su hijo Ismael sería padre de multitudes al igual que Isaac. Parece que a Dios no le importa si sus «hijos» han desechado a otros, Él los recoge de buena manera y los hace participes de planes más allá de cualquier entendimiento, cultura o esquema. Agar le da a ese Ser que le habla uno de los nombres más hermosos que he visto en la Biblia: El-Roi. El Dios que me ve. La mujer que era invisible para el mundo, ha sido vista por el mismo Creador de las estrellas.

Ana.

Otra historia de esterilidad. No es el tiempo para hablar de cuán triste era que a la mujer se le considerara inferior por una cuestión de fertilidad. Pero el hecho es que a Ana (1 Samuel 1-2) esposa de Elcana, esta situación la colocaba en gran desventaja. Su marido tenía una «segunda» esposa, como parte de la costumbre de la época para cuando un hombre tenía la mala suerte de haberse casado con una mujer que no podría tener hijos. La segunda fungía con la labor de generar descendencia, la primera era la «amada». Aún así, Ana se sentía todo menos amada. Cuando ella y su esposo (y la segunda esposa) suben al tabernáculo a adorar a Dios, Ana expone su queja. El pasaje dice que su llanto y su oración son tan amargos que el sacerdote del templo la cree «ebria». Así que Ana no sólo es echada en poco por su marido, también por un «hombre de Dios». Afortunadamente, al explicarse, el sacerdote Elí comprende su situación y exclama una oración por ella. «Que Dios te conceda lo que has pedido». En efecto, Dios había escuchado a Ana… Y el hijito que tiene no sólo fue el último juez de Israel sino el profeta que vio nacer a la Dinastía de Reyes de la nación. No hubo otro profeta y juez como Samuel y su madre fue Ana.

Las hijas de Selofhad.

Mahlá, Noá, Hoglá, Milcá y Tirsá (Números 27). La larga diáspora del recién nacido pueblo israelí estaba a punto de dar fin. Después de travesías y guerras, llegaba el momento de asentarse en una nueva tierra y dividirla de forma justa. Dios mismo fue quien dio instrucciones para que todos tuvieran la parte necesaria, ni más ni menos. Pero ante la repartición, un grupo de mujeres se acercaron a Moisés y Eleazar. Son 5 mujeres, no casadas, cuyo padre ha muerto y tampoco tienen hermanos que puedan ayudarles a heredar algo. «Pero no es justo que el nombre de nuestro padre desaparezca de su clan simplemente porque no tuvo un hijo varón. Danos una porción de tierra a nosotras entre los hermanos de nuestro padre». En este mundo moderno donde se juzga a Dios por las acciones de sus feligreses, cualquiera diría: Dios jamás permitiría a una mujer heredar. ¿O no es el prejuicio común? Pues la respuesta de Yahvé no sólo calla esas acusaciones, también nos abre la mente.

«Dijo Jehová:

Las hijas de Selofhad tienen razón. Asígnales una porción de tierra entre los hermanos de su padre y que la herencia de su padre pase a ellas. 

Di además a los israelitas que si alguien muere sin dejar hijo varón, su herencia pasará a manos de su hija».

Una mujer tiene el mismo valor de un varón ante los ojos de su Creador y Redentor. Una mujer es capaz de manejar una herencia tan bien como un varón. Y tiene derecho a recibirla de mano de sus progenitores sin que nadie venga a arrebatársela. O eso es lo que Dios piensa, querida iglesia mía. ¿Lo promovemos o nos hacemos de la vista gorda?

Martha y Maria.

Podría detenerme más tiempo en el AT, con más ejemplos de la mujer siendo restituida por Dios y llamada también por Él para cumplir su obra tan bien como lo haría un varón. Pero este es un Top de 5 y no quiero dejar pasar al Nuevo Testamento, pues si la mano del Señor es clara en los tiempos antiguos, en la época posterior se vuelve más tangible, lo niegue quien lo niegue. Y pienso de inmediato en Jesús, el Mesías, que jamás se regodeó de su valor y proezas ante nadie, siempre yendo hacia los grupos más vulnerados de su tiempo. Por supuesto… Las mujeres estaban entre estos.
Jesús tenía amistad con un grupo de hermanos a quienes los vemos constantemente participar de las actividades de enseñanza o altruismo de éste y sus discípulos. Lázaro, Martha y María. Por la relación entre estos 3, podemos concluir que ya no tenían padres y que por ende, Lázaro era el responsable económico de su hogar. Y cuando leemos que Lázaro enferma y después muere, no sólo debemos leerlo con ojos de tristeza por la perdida de un familiar, sino con los ojos de un par de mujeres que han perdido el amparo de la única figura de trabajo y sustento. Su dolor es evidente en las líneas en las que casi acusan a Jesús (su amigo capaz de curar cualquier enfermedad) por haber llegado tarde y permitir que su hermano falleciera. ¿El Hijo de Dios se volverá soberbio y dirá que todo es parte de un plan divino, que dejen de quejarse, que tienen poca fe? No… Jesús llora con ellas y lamenta su pena. Presenciar el tremendo acto de regresar a su hermano a la vida no es la estelaridad de este pasaje, sino haber visto al Mesías, Dios en la Tierra, llorar con los que lloran… Llorar con las mujeres y por lo que ellas deben llorar cada día.

La Samaritana.

Tengo que terminar con ella, pero no olvidemos a las demás mujeres «débiles» ante la sociedad pero fuertes en fe. La mujer con menstruación inacabable (quien, hoy podríamos decir, quizás padecía algún tipo de carcinoma uterino para padecer este malestar), atendida por Jesús cuando nadie más podía ni quería hacerlo. La mujer sirofenicia (una extranjera en tierras judías), de tal fe que Jesús le elogió como ejemplo de convicción ante hombres que dudaban todo el tiempo. La mujer llamada «adultera», echada a los pies de Cristo para ser apedreada y en vez de eso fue la evidencia para que Jesús expusiera la impiedad humana (especialmente la masculina). La lista continúa y es tan profunda.
Pero entre estas mujeres, es la mujer de Samaria la que siempre cautiva mi corazón (Juan 4). Acarreando agua con sudor y cansancio, en ese pozo heredado por el ancestral Jacob, buscando… Una mujer que llevaba la doble carga de su ascendencia samaritana y su condición civil ilegitima. Cinco maridos: Jesús la expone no para apedrearla (como lo hubieran hecho felizmente los fariseos), sino para que ella viera el punto que quería mostrarle en su charla. Has tenido 5 maridos, la sociedad y tú misma te consideran indigna, pero aquí estoy yo, ofreciéndote Agua Viva. A ti. En vez de ir directamente a la sociedad a hablar con los hombres, vine a este pozo a encontrarme contigo. La mujer que esperaba al Mesías (a diferencia de otros hombres que ya habían perdido la esperanza) fue la primera en su pueblo en recibirlo. Una mujer.


No se trata de géneros. No se trata de quién es más vulnerable o más digno. En ciertos puntos, todos podríamos sentirnos víctimas, ya sea del sexo opuesto, de los que tienen cargos más elevados, de nuestros líderes o autoridades, de la sociedad, de nuestros pecados y sus consecuencias. Lo que trato de decir es que nuestro Creador no se rige por esos estándares. Él no va con nuestras agendas o compañas, y aquí le hablo tanto al Feminismo como a la Iglesia Moderna. Si alguien se ocupa de juzgar el valor de otro, decir si es digno o no, si vale o no, Dios no va a pesarlo con nuestras balanzas.

Pero lo que Dios definitivamente hace, y Jesús vino a dejarlo claro de una vez por todas, es que Él rompe nuestros esquemas. Él destruye los muros de odio y desarraiga los pensamientos de machismo, hembrismo, racismo, especismo y tantos más. El renueva nuestra mente para dejar de ver como «cultura» algo que deberíamos llamar «injusticia». Él restituye la dignidad perdida, la dignidad que hombres han hecho perder a las mujeres y la que esos hombres han perdido justamente por su maldad. Él vino a dar ejemplo de cómo debe ser un varón (Jesús es intachable en eso), y también cómo un varón debería interactuar y tratar a una mujer. En ese orden, porque es justo en ese orden como debería venir la responsbailidad: Un hombre siendo hombre porque trata con respeto y como igual a una mujer y por tanto, esa mujer tratando con respeto y como igual a dicho hombre.

Aún si vivimos en una sociedad donde este dialogo y relación están derruidos, tengo la esperanza de que aún aprenderemos a restituirlo. Pero mientras tanto, me queda claro: Aquello que desecha el hombre (y también la mujer), el Creador ha venido a buscarlo para restaurarlo. Aquello que el hombre ha torcido, Dios lo ha enderezado. Aquellas mujeres que se han visto afligidas por su género, el Dios que las ve está dispuesto a demostrarles que él está aquí… Si estamos solas, desamparadas, huyendo en el desierto, Él nos ve. Y no dejará de hacerlo.


Descubre más desde Elizabeth RH: Autora

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Un comentario sobre “5 mujeres que fueron olvidadas por los hombres pero no por su Creador

Deja un comentario