Lo que aprendí de mis planes frustrados.

Parece no tener sentido: Escribir sobre la idea de no esperar y no guardar expectativas, cuando hace menos de 20 días publiqué un post acerca de planificar bien tus lecturas, aparte de eso justo ahora estay preparando otro más sobre cómo diseñar y proyectar una agenda. Entonces, «¿por qué, Elizabeth, a sólo 30 días de comenzar el año, se te ocurre lanzar un miniartículo sobre no esperar?».

¿Pero realmente esto es sobre no esperar nada?

Hace unos días cuando estaba preparando mi agenda de los post de blog del 2023 (otra ironía), les preguntaba a los lectores en Instagram de cuáles temas tenían curiosidad por leer este año. Entre sus respuestas también solicité la opinión de mi hermana, y gran apoyo de inspiración, Cary RH. Además de ser una ilustradora a la que admiro, una artista con sus propios bloqueos, y de ser mi colaboradora editorial en la publicación de Vivir de Sueños, Cary RH también ha sido una compañera de retos, una amiga y roomie. Desde hace 5 años, nuestras respectivas rutinas se han mantenido una a la otra. En el 2018, ambas nos lanzamos en la empresa de la vida independiente, primero para «huir» de la complejidad familiar que en aquel tiempo era asediante, pero ahora porque hemos entendido que ser un adulto autónomo es sano y parte de la vida que el Señor permite…

¿Por qué esta larga introducción? Pues bien, estimado lector, la verdad es que, aunque ser un adulto responsable es la normalidad de todos (una normalidad inevitable), también la adultez es un acontecer diario bastante complejo, duro y casi persecutor. Basta decir que el año pasado, Cary RH y yo no sólo tuvimos que apañar otro cambio de casa (con los gastos y el estrés que implica), también lidiamos con la perdida de uno de nuestros pequeños conejitos, la perdida de empleo, la perdida de espacio para trabajar en nuestro negocio online RHstore, perdida de amigos, de fe, de ánimo, de proyectos y deseos de continuar muchos sueños.

«Aunque ser un adulto responsable es la normalidad de todos (una normalidad inevitable), también la adultez es un acontecer diario bastante complejo, duro y casi persecutor.»

Los tres primeros años de constante adaptación de la vida adulta, que a veces es muy solitaria y angustiante, se vieron eclipsados por un solo año, el 2022, que en opinión de ambas, fue más duro que aquellos primeros meses en los que apenas nos amoldábamos a la rutina independiente. Soy consciente de que el Señor nos ha sostenido a ambas y a cada una, y soy consciente de que las luchas internas y externas no han terminado. El año pasado mis ganas de mantenerme en contacto con mis queridos lectores de Vivir de Sueños y las ganas de promover la lectura de la novela, también se vieron eclipsadas tras el dolor e incierto vivido en mis propias páginas de vida. El miedo de perder a otro de nuestros seres queridos (humanos o animalitos), el estar a expensas de lo que nuestro siguiente casero decidiera sobre nuestro hogar, el regreso de pensamientos de oscuridad y dolor que yo creía «superados», fueron golpes más fuertes que nuestros deseos de seguir proyectando sueños. Confieso que el año pasado abandoné (en mi mente y mi agenda) muchas veces a Un Plan Mayor, estaba convencida de que era una saga que «carecía» de apoyo cristiano y que eso era la evidencia de que la novela era simplemente mala. Gracias a Dios continué, aunque admito que muchos de los capítulos que escribí para la tercera parte (y que un día leerás) están llenos de mi desesperación y no sólo la de los personajes.

Pero como dijo un sabio, cuando un objeto toca el fondo, lo único que le queda será…
Salir a la superficie.

El año pasado, si algo me enseñó mi Señor fue el verdadero significado del verso «cada día tiene su propio afán». Puedo decirlo de verdad. El 2022 cada mes tuvo un acontecer aplastante. Literalmente, hubo un momento donde al iniciar el primer día de cada mes, me ponía en guardia, a la expectativa de la prueba, del nuevo problema, del nuevo reto que iba a venirnos encima. Los primeros meses del año, de enero hasta junio, fueron especialmente dolorosos y todavía se me aprieta el corazón al recordar las noches en las que me repetía ese texto: Señor, tenías razón, hoy hay tanto dolor y tanto incierto que si me pongo a pensar en el día de mañana, en los meses que faltan, no podré resistir. Así que enséñame a contar este día y a resistir este día. Jesús dijo que el Padre ya sabe de qué tenemos necesidad, y mi necesidad más fuerte esta noche, Padre, es tu paz.

Cada día tiene su propio afán…

Yo, que proyecto y planeo, había leído este verso del Hijo y no lo entendía de verdad. Pero el año pasado, las circunstancias inesperadas tomaron todas mis notas de «planes» y las hicieron pedazos en mi cara, me dejaron sentada en el desconcierto, en la falta de control, la falta de poder en la enfermedad y la muerte, la falta de fuerzas en el duelo. A pesar de todo, la voz proclamaba: Basta cada día su propio afán. No es sólo una frase, no es un «consejo budista» por enfocarse en el presente. ¡Es la libertad que Dios nos está entregando! «No te preocupes por el mañana, no te angusties por lo que no puedes controlar, el Padre sabe tu necesidad y Él preverá». Si hay días verdaderamente duros, ¿por qué estoy cargando con los días del futuro si no han ocurrido siquiera? Como si no bastara este día y esta hora, como si todavía no entendiera que el Señor ha prometido ser mi Papá, mi guía, ser el consuelo y el aliento, ser la luz y la esperanza, ser la resistencia para combatir (o al menos resistir) los miedos y los afanes del hoy…

El año pasado entendí que hacer planes está bien, encomendarlos al Creador es mucho mejor, pero esos planes no son la esencia de la vida, que está bien si algo cambia el rumbo, está bien si las fuerzas se acaban y es momento de parar o dejar ir. Está bien darnos cuenta que esta vida, el simple aire que respiras, no proviene de tus manos y que por tanto, no está en nosotros controlarlo. Somos vulnerables, somos soñadores ciegos, somos atletas constantemente lesionados, somos patinadores que, como en Vivir de Sueños, caemos infinidad de veces. Está bien si al trazar los planes y proyectos, al mismo tiempo también aceptamos soltar la pluma y recordarnos: Suficiente. Basta cada día su propio afán.

Sin duda, oro y pongo en manos del Elohim, el día de mañana. Pero sobre todo, le pido para que este día Él me otorgue la paz y la capacidad necesaria para ver, aprovechar el tiempo del hoy, para amar a quienes hoy están conmigo, para agradecer y disfrutar lo que hoy tengo que vivir, sin pensar lo que habrá mañana, si podré o no hacer esto o aquello, si tendré fuerzas o no por el futuro. Hoy es maravilloso, hoy es difícil, hoy es suficiente prueba o dicha… Hoy basta para sentirme plena porque Dios ha prometido estar conmigo, hoy, mañana y siempre. Y así es.

Le pregunté a Cary RH sobre un tema para el blog y ella me respondió. «Escribe sobre lo que me dijiste hace unos días, eso que aprendiste al año pasado. Aprovechar el tiempo del hoy y no aferrarse a las expectativas del futuro. Escribe sobre la belleza y prueba del hoy».

Y aquí estoy.

-Elizabeth RH.


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